martes, 6 de octubre de 2009

Mi apoyo a José Ángel Barrueco


Algo está pasando y, aunque nos damos cuenta, se sale de control. Al parecer estamos viviendo una mala hora, que se traduce en tiempos de cólera y desesperación. Ahora todo lo imposible es posible, y parece que nos encaminamos a la tierra de nunca jamás, digo esto, porque el mundo se está convirtiendo en el lugar en donde nunca deberíamos pensar vivir. Claro está, me refiero a que todos soñamos con poder vivir decente y adecuadamente.

Lo cierto es, las cosas son así. Y, parece, tenemos dos únicas opciones: aprendemos y nos adaptamos o nos resistimos al desastre. Yo, como algunos de mis amigos con los que comparto, elegimos la segunda y seguiremos intentándolo desde el lugar que ocupemos. Mi solidaridad a José Ángel Barrueco, a quien aprovecho la ocasión para agradecerle que me enviara su libro: Le aplastaré con mis versos, compartida en un mismo volumen con Javier Das, con el nombre de No hay camino al paraíso.


Y aunque quisiera descargar mi indignación por lo sucedido a José Ángel Barrueco, al tiempo de explicar lo sucedido, prefiero dejar a ustedes el texto publicado por David González el domingo pasado en su blog: http://www.perdonameperoteamo.blogspot.com , con el que estoy totalmente de acuerdo, y con el que luego de leerlo, cualquier otra palabra sale sobrando. Gracias, también a David, pues a través de él, pude conocer la poesía y el trabajo de Barrueco, y así tener la oportunidad de presentarlo por estos lares.



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Texto publicado por David González

domingo 4 de octubre de 2009

JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

Hoy es un día de reflexión, por así decir. José Ángel Barrueco, mi hermano, ha escrito su último artículo para cierto diario de Zamora del que no escribiré ni el nombre. A lo que se ve, en dicho diario, e imagino que en otros también, han empezado a hacer recortes de personal, empezando por prescindir de los columnistas. La culpa, como viene siendo habitual, es de la crisis, claro. Lo que es inconcebible, con crisis o sin ella, es que un diario de provincias prescinda de un tipo, Barrueco, que llevaba escribiendo para dicho periódico desde hace la friolera de 8 años. Sí. Ocho años. Se dice pronto, ¿eh? Y lo más increíble es que desde hace 8 años, Jab, escribía un artículo diario, con lo que, si hacemos cuentas, ha escrito más de 3100 artículos para dicho diario de provincias. Pero no es la cantidad lo que cuenta. Es la calidad. Y cualquier lector que haya leído los artículos de Barrueco no podrá negar la calidad de los mismos. Esto me hace reafirmarme en mi idea de que el talento, el trabajo, el esfuerzo, el escribir de manera impecable, son cuestiones que ya no le importan a nadie en esta sociedad en la que solo pensamos en salvar nuestro cuello y que les den por el culo a los demás si los ahorcan. Pero ya debería saber que los mediocres, los que tienen siempre miedo, se superan a sí mismos en su mediocridad y en su estupidez, ya que a nadie con medio dedo de frente se le ocurriría decirle a alguien a quien acaba de despedir la siguiente gilipollez: Pero puedes seguir escribiendo tus artículos, aunque tienes que hacerlo gratis... O palabras similares... Te lo ponen a huevo para replicar: ¿Y tú, qué, capullo o capulla, tú también trabajas gratis, joder?... Ellos, o ellas, no. Los que despiden a los demás nunca trabajan gratis. Para eso ya tienen a ciertos primos que lo hacen, escribir, gratis, con tal de ver su careto en un cuadradito de papel, en la esquina superior de su columnita, es decir, vanidad de vanidades... Sin embargo, Barrueco, mi hermano, a estas estupideces, responde como mejor sabe hacerlo: con la pluma en la mano: Un último artículo para el diario provinciano en que demuestra lo agradecido que es y que le está al periódico que ahora le despide, y en que demuestra lo bien que escribe y, también, que en su corazón no alberga ningún tipo de rencor... Así se despide un hombre. Así se despide un caballero. Así se despide un grande. Con su mejor arma. La palabra. La palabra bien dicha. Y bien escrita. Y como no estoy vacilando, debajo de la cubierta de su novela Recuerdos de un cine de barrio, podrás leer dicho artículo así como una nota que el propio Barrueco ha subido a su blog y en la que hace referencia al hecho, al inaudito hecho, de que ni siquiera, en dicho periodicucho, hayan tenido la decencia de editarle dicho artículo, el último repito, a un tipo, Barrueco, que ha escrito más de, como dije antes, 3100 artículos y cuya calidad narrativa está fuera de toda duda... Hoy es un día de reflexión, decía, ya que si a un tipo que escribe tan bien le tratan así, ¿qué harán con nosotros?... No lo sé, la verdad. Sí sé, en cambio, como dice el propio Barrueco, que nos queda el poder de Internet (al menos de momento, porque seguro que se les acaba ocurriendo algo para amordarzar a los internautas) y que yo tampoco estoy dispuesto a consentir que tapen mi boca.




NOTA

El texto de abajo es mi último artículo para el periódico. Estaba previsto para hoy. Era mi despedida (a la fuerza: dejan de pagar las colaboraciones; al menos, las mías). Ni siquiera han querido publicarlo. Pero, ante este tipo de manipulaciones, nos queda el poder de internet. En la red no pueden tapar todas las bocas. La mía, al menos, no.


DESPEDIDA A MEDIAS

Detesto las despedidas. Dejan un poso de amargura, un sabor agridulce, que no conviene a nuestros paladares. De hecho, no deberíamos despedirnos nunca. De nadie. Ni siquiera de nuestros muertos: los míos, los que dejé atrás, los que se fueron, aún me visitan en mis sueños. De este periódico, donde tantos nos hemos forjado escribiendo, y que a tantos nos ha acogido, guardo en la memoria los adioses escritos de quienes dejaron su puesto, por unas u otras causas. Quizá el más emotivo, o el que yo recuerdo con más afecto, fuese el de mi antiguo director, Francisco García, en su diana titulada “Hasta siempre”. En aquel texto minimalista, como todos los suyos, escribía: “Llegó la hora del cambio de destino, que nunca se augura pero siempre llega, de la llamada a nuevas metas y horizontes; la hora del adiós que es hasta pronto o hasta siempre”. Es conveniente que no olvidemos esas palabras: “Nunca se augura pero siempre llega”. Paco apostó por mí hace ya casi diez años. Primero, como columnista semanal. Luego, diario. Creo que a él se lo debo todo; para mí supuso aliento, soporte y auxilio en los momentos bajos. Desde entonces hasta ahora, en que el camino se termina, he escrito para este periódico algo más de 3.100 artículos. Esa cifra es mi medalla, y por supuesto también lo es el apoyo de los familiares, los amigos, los compañeros de oficio y los lectores, tanto los compinches como los enemigos. La gente que me aguantó y la que no. Incluso las personas más cercanas a mi círculo me dieron alguna vez un tirón de orejas, seguramente merecido porque soy humano.
Estamos en tiempos de crisis. En tiempos oscuros. De recortes, despidos y cambios de rumbo. Hay nubarrones sobre nosotros y aún queda por llegar lo peor, la tempestad. Una vez me dijo un colega, cuando estudiábamos juntos en la universidad: “Estamos abocados al fracaso”. No se me han olvidado esas palabras, pero hoy se hacen extensibles al país. España está abocada al fracaso. Decía un personaje de “The Dark Knight”: “La noche es más oscura justo antes del amanecer. Os lo prometo, no tardará en amanecer”. Veremos. Porque a mi alrededor sólo veo gente que cae a la lona. Lo importante es que siempre nos quedan fuerzas para incorporarnos. Dicen que, cuando una puerta se abre, otra se cierra. A Zamora le restan aún energías. Es una ciudad que ha soportado de todo. Lean con atención estas palabras: “No, Zamora no se ha perdido en una hora. Pero sí se ha perdido en años y más años de cercos, de olvidos de sus posibilidades, de murallas de silencio para sus necesidades, de portillos por donde se han traicionado sus bienes y haciendas más comunes y por donde ha ido exportándose la flor de sus habitantes”. No son recientes. Las escribió el poeta zamorano Justo Alejo en el 77. Y, hoy, el cuento es el mismo.
Dije al principio que detesto las despedidas, y de ahí el título de este último artículo diario. Seguiré apareciendo por aquí, si nada lo impide, cada domingo, junto a la tribu de colaboradores dominicales. Con el texto de hoy se cierra una etapa. Casi diez años en los que he visto (con pesar) cómo algunos columnistas se iban. Una etapa plena, sin embargo. De aprendizaje. De forja en la escritura, igual que si uno asistiese con puntualidad a un gimnasio para fortalecer sus músculos. Y coincide con la reedición de mi primer libro: una década después. Como si en estos años hubiera trazado un círculo que ahora se cierra y completa. Amigos, les espero a la vuelta de la esquina, dándole a la tecla, y me despido con una cita de J.D. Salinger: “No cuenten nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo”.

José Ángel Barrueco
Publicado por David González, poeta en 15:58

lunes, 5 de octubre de 2009

¡A mi hijo!

Algo me hizo observar mi hijo: los artistas estudian matemáticas dibujando narices. Y por qué no hacerlo.

He dedicado muchos espacios, infinidad de espacios, para difundir lo que hacen escritores y artistas, especialmente. Y por qué no hacerlo, a manera de presentación, exponiéndoles textos de la autoría de mi hijo Jonathan, quien desde hace un tiempo registra sus textos en su blog con el seudónimo de Costelo Landró: http://doscadaveres.blogspot.com/

El caso es que al pan, pan, y al vino, vino. El muchacho tiene esa esencia de escritor, ese corazón que se transforma en cada texto, cada palabra y cada gesto. Recuerdo que desde los 13 años, cuando se le preguntaba qué iba ser cuando fuera grande, respondía: “Voy a ser escritor”.

Así también, recuerdo cuando en el quinto curso de primaria ganaba todos los concursos de lectura, que para su felicidad hacía el colegio donde estudiaba. Nunca nadie le ganó. Pena, porque no habían más lectores como él. Y porque, además, fue en el único grado que hicieron este tipo de concursos.

Actualmente, Jonathan está trabajando en dos proyectos. Sus dos primeros libros. Uno de cuentos y otro es un cuento infantil, ilustrado y diseñado por él. Cursa el 11vo. Cuatrimestre de publicidad, y es un extraordinario soporte en las correcciones de libros que realizo, algo inusual para un joven de 21 años, que tenga la capacidad de asumir esta tarea con la seguridad de hacerlo bien.

Así estudió música, toca la guitarra y cuando era niño participó en dos coros infantiles. Estudió dibujo con la gran artista Iris Pérez, con quien al pasar de los años me atan lazos irrompibles. Como ha dicho ella cuando me llama: “y mi muchacho cómo está, dile que su madre, su segunda madre, le va a preparar una pasta”.

El caso es que no solamente es escritor, sino que buen escritor. Como según han revelado quienes han valorado sus textos, con una madurez de alguien de 40 años o más. Y ciertamente. Cuando obtuvo el primer lugar de poesía en un concurso, mi gran amigo y hermano Luis Beiro le dio el espacio que merecía en la sección Ventana del periódico Listín Diario, la cual cordina. Como dijo: el muchacho tiene, hay que ayudarlo y motivarlo.


A continuación, algunos de sus textos y narraciones. Y si me preguntas que si estoy orgullosa de él, debo decirte que sí, pero más que por todo lo que te cuento, por la gran persona que es, por el gran corazón que le acompaña, por lo humano y sincero, por mantenerse sano a pesar de los tiempos que estamos viviendo. Y porque, además de hijo, ha sido amigo, hermano, confidente y hasta padre. Tantas cosas, siendo también el hijo soñado.





Teníamos (Despedida a un caballero).

Tenía una barba cervantesca. Ojos vivos y negros. Tenía el cabello canoso y largo y una delimitada calva que lo hacía ver como un mosquetero anciano. Tenía vida en sus pasos; de muchos días caminados. Hablaba con la verdad. Tenía negros discos en llamas del pasado. Los recordaba todos, y tenía, sobre todo, un gran corazón. Pero lo tenía, ya no lo tiene, así como lo teníamos y ya no está. un mar que emanaba como mil ríos desde el armario de las toallas despidieron lo que fue y será en nuestras memorias: el quinto mosquetero, aquel que blandía como un sable su poderosa sonrisa.

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Tengo dos pies izquierdos... en una gaveta.

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Dulces sueños
"Buenas noches, señor extraño. Espero mañana volver a verle y podamos juntos mantener nuestra esperanza de un mañana mejor."

"¿Has visto aquella estrella fugaz surcando el negro abismo de los cielos? Es nuestra esperanza que arde y le recuerda este mundo su inmortal mortalidad."

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Historia de una miga de pan

Un individuo pudiente terminó con una miga de pan en su mano engalanada. La miró con imperial desdén y se deshizo de ella. Un modesto mercader terminó con una miga de pan en su mano amoratada. La miró sin aspavientos y la guardó. Nunca sobra demasiada comida, pensó. Un insignificante veterano, sin nada con qué caerse muerto, terminó con una miga de pan en su mano estriada. Ni siquiera la miro antes de devorarla como si fuera una viga completa de pan fresco. Un joven escritor acabó con una miga de pan en su lúcida mano. La miga de pan desapareció y en su lugar quedó un relato. Pero, sin importar en qué manos caiga, la miga de pan continúa siendo el centro de esta historia.
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Pero todo sigue igual

No se queman todas las hojas del acebo, y la vida sigue igual. No se estrellan de lleno los cristales contra el suelo, y la vida sigue igual. No se derrama sangre, sólo lágrimas, y la vida sigue igual. No se pierde nada, no se gana nada. No se sueña alcanzar nada. y la vida sigue igual. No hay proverbio que nos ayude ni conocimiento que comprenda, por eso la vida sigue igual. Cuatro mil años de sabiduría aún desconocen el por qué todo sigue igual. Hay buenas intenciones, de ellas está llena el mundo, y todo sigue igual. Hay estaciones y flores, nieve pura y campos multicolores, todos distintos, pero ante la generalidad, todos son iguales. Hubo honor, sacrificio, fuertes brazos que tiraron de unas cadenas por demás ciclópeas. Tiraron hasta que no quedó nada de ellos que pudiera realizar la hazaña. Pero todo continuó igual. Aún así, conociendo la hermética condición que rige al hombre, existen tontos, como yo, que sueñan con que lo que es tan simple deje de tomarse por complicado. Nadie me engaña, que todo sea como debe ser no es imposible, es simplemente inconsistente. Materializar una hazaña de esta magnitud requiere mucho menos que halar cadenas congeladas en el tiempo, que derramar sangre y cristales; mucho menos que quemar todas las hojas de nuestras almas. Cambiar aquello que debe ser cambiado sólo requiere una cosa. La firme e inquebrantable decisión de cambiarlo con tus propias manos.

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Ella
Dedicado a mi prima Camila con la que cohabito últimamente.

Era terca, testaruda, su cabello enmarañado, su cara enajenada. Reposaba su diminuto ser en una silla todo el día, mientras refunfuñaba insípidamente sobre los audaces ataques que le propinaban los diminutos vampiros negros del trópico. El dedo índice de su mano derecha era la parte de su cuerpo que más ejercitaba; sus pies siempre estaban oscurecidos, pues desconocía el uso del calzado. Tenía nombre de hija de Metabo, de virgen de Diana. Tenía brazos muy delgados, su frente asemejaba a la hermana luna y sus ojos eran estrellas que pronto partirían. Muchas la nombraban, algunos sin decir palabra alguna, pero todos querían hablarle. Nadie le conocía.

Imponía su voluntad como una princesa (cosa que no aseguraba que su voluntad fuera hecha) y arremolinaba los mundos (incluso aquellos de los que no tenía conocimiento) a su alrededor. Se dormía muy entrada la noche realizando la misma actividad con la que había saludado el día y soñaba. Nadie sabe con qué soñaba.

Tenía pánico escénico, pero alucinaba con la fama. Tenía tres soles gemelos con los que coloreaba la aurora. Sabía francés y no le gustaba el brócoli. Acostumbraba saltar, aunque sus saltos terminaran casi siempre en caídas. Tal vez buscaba tocar sus ojos.

No sabía lo que era una amazona, aunque asemejaba enormemente una. Era una criatura ajena al orden (como muchos) y cuando realizaba el extenso viaje desde su cama a su asiento, procuraba hacerlo todo de memoria y cerraba sus ojos, para ni siquiera percatarse de como todo a su alrededor seguía igual. Así sobrevivía. Nadie en verdad la conocía.

El mundo le parecía aburridísimo, por lo que prefería habitar en uno que no fuese real. Cantaba muchas canciones que nadie escuchaba, muchas de ellas de fabricación propia. Sabía perfectamente como apalear la guitarra.

Soñaba, la pequeña soñaba. Soñaba con un mañana distinto, que no se pareciera a ningún otro. Soñaba muchas, muchas cosas (sólo Morfeo y su cuervo las conocen todas) y cuando despertaba, seguía soñando, sin tregua, que la vida era un juego del que ya conocía todos los secretos. Un juego mil veces transitado pero que, aún así, tenía todavía mucho por ofrecer.

Así era ella, tan parecida como distinta. Desconocida y familiar. Buscando.



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El mundo que no piensa

No sé si creer las locuras de un texto de dudosa autenticidad, que hallamos mi grupo de arqueólogos y yo cerca de un área en la que ni los animales habitan. El texto es una carta dirigida hacia un futuro lejano y en la cual se nos habla de un pasado horrible que consumió a los seres de aquella época antiquísima. Llevé el texto donde un camarada científico que me estimó la edad promedio del texto, plasmado sobre una extraña fibra sintética parecida a la médula del tronco con la que hoy día se crea el papel ordinario. El extraño papiro poseía una legitimidad innegable, el idioma era tan antiguo, que no había registro alguno en ningún archivo existente sobre la tierra. Necesité cuatro expertos en semiótica, los cuatro mejores del mundo, y dos meses de trabajo ininterrumpido para descifrarlo y al terminar, todos se sentían ciclópeamente satisfechos. El documento literal expresa lo siguiente:
“Les advierto, les advierto a ustedes. Ustedes que poseen el don de la mente, abrácense a él y encájenles los dientes, porque sólo yo quedo con algo de ese sentido en mí, en este futuro que parece el más prosaico y antiguo abismo. Mi carta posiblemente no alcance su época. Aquellos eones y eones de sembrada nulidad que seguirán el camino estrecho de mi texto agonizante, pero que lleva un dulce rayo de esperanza de que su nuevo mundo no muera como el mío, este mundo de pesadilla en donde nadie piensa ya.”
“Todo parece haber comenzado hace unos doscientos años. Hace ya demasiado tiempo que las horas, días, meses y años dejaron de contarse pues nuestra raza se volvió demasiado perezosa y ya no tenía ninguna razón para medir el tiempo. Pero me permito hacer un estimado con lo poco de mis sentidos que no ha fallecido. La época de la razón había concluido con refulgente magnificencia dejando vestigios en el arte, la literatura y el estudio de la mente. Los derechos del hombre se afianzaban en sus cimientos formando un aparente futuro más brillante. Las guerras nacían una detrás de la otra, pero todas concluían y parecía que
todo seguía hacia donde la libertad extiende sus alas.”

“La modernidad creaba grandes inventos y crecía con desesperación, como si quisiera reponer el tiempo perdido. Cada diez años la tecnología cambiaba increíblemente y cada cambio iba produciéndose en un tiempo cada vez menor. La exageración nos gobernó, hasta que cada día era un nuevo invento, una nueva renovación de lo antiguo y luego, fatalmente, agotamos todo lo que con nuestras manos podíamos crear.”

“Entre tanto, además, asesinábamos nuestro mundo lentamente, como un virus; como un tumor, como un lascivo mal aún indeterminado. La tierra se pudrió, pero aún quedábamos nosotros y la manteníamos viva con nuestra tecnología pergeñada y abúlica, todo por miedo, todo por subsistir. Ese fue nuestro mayor error.”

“La tierra se volvió un desierto desde el este al oeste, del norte al sur. Todo era inhabitable. Así que el hombre desarrolló ecosistemas bastardos, tan irreales como su moderna humanidad, su utopía maldita. Habitamos ese espacio entre distracciones y modas, volviéndonos ajenos a la verdad. Éramos indeseados en este mundo, en esta galaxia, en este universo tridimensional.”

“Equilibrándose entre modas ordinarias y música rapaz, se deformaba todo lo que, de alguna forma, desarrollaba la razón de los seres humanos. Los libros fueron suplantados con el cine y la televisión, cada vez más modernos, hasta que el ser humano perdió algo que hasta ahora no ha recuperado: su imaginación. Todo fue de mal en peor. Nuestra naturaleza se volvió, junto a nuestra civilización, la cuna de la desidia.”

“Lentamente esa falta de uso de la mente fue atrofiándola. Todos cayeron. Ni siquiera sé como sigo en uso de mis facultades, pero no canto victoria, pronto aquellas crípticas hiedras me devorarán y seré un vegetal más. Debo ser breve, pero sin omitir nada, ustedes deben saberlo, deben saber... Todo lo que he contado, desde un principio, todo ha sido un error, pero ninguno tan grande como el que sucede a todo esto, ese error que nos persigue, ese error que veo cuando miro a mi alrededor. Los humanos no somos humanos, somos monstruos, espantosos monstruos infernales. No nos conformamos con vivir y morir. La vida se nos hizo muy corta. Por eso trajimos el infierno… que no es llamas ni azufre. Nunca permitan que eso se cree y se permute, evítenlo a toda costa. Nuestra blasfemia fue ofensiva para todo residuo de etéreo resplandor. Nunca permitan que el infierno nos envuelva, y eso sucede justamente después que… después que… “
De este modo concluía el texto, hallado en las ruinas del fin del mundo. La recuperación fue total, pero nunca se encontró su conclusión, ni tampoco tuvo caso revisar una y otra vez el papiro en busca de alguna tajada respuesta. Lo más horripilante de todo es que, si el texto es tan auténtico como dicen nuestros aparatos, vamos en la misma dirección hacia el abismo. Estamos en el Siglo XXI, después del nuevo inicio. El sol brilla hermoso sobre mi cabeza y sólo me acompaña, en esta colina floreada, la esperanza de nunca vivir…en un mundo que no piensa.
Fin
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Para mi linda camarera I
Premiado en el Concurso Nacional de Talleristas (Organizado por el brillante escritor dominicano William Mejía).
Por un momento creí escuchar el eco lacónico de tu mensaje añorado, pero resultó ser el vestigio onírico de mi delirio consiente… De un vaivén de las olas otoñales. Del sopor de entelequias fantasmales. De la bruma de estos sueños vigilantes nació el suspiro de tu llamado. Tráenos otra ronda, mi linda camarera, ¿es acaso ésta la primera vez que te vi? No es que mi persona pase mucho por aquí, pero la tierra de sus zapatos, el sudor de su barbilla, la sombra imponente de su nariz europea, no me hubieran sido indiferentes. ¿Acaso atiende a alguien más? Porque si es posible quisiera acapararla para mí, y no tiene que mal entender mis palabras, nada raro he de proponer, solo deseo descansar un poco a la sombra que su alma destila, como un gran manzano o un cedro errante. Le ofrezco asiento, pero le advierto que sólo lo ofrezco mientras cumpla el requisito de su cercanía. Tres centímetros como más entre nuestras posaderas, ¿será descarada mi oferta? Pero es que con tesoros como usted uno olvida los modales… no siempre, sólo a veces, cuando su mirada nos agarra de improvisto, no crea que mis modales implotaron al verle, más bien descansan unos segundos para volver y ayudarme a complacerla. Mi linda camarera, ¿cuidaría usted mi vida? En cambio yo le ofrezco velar sus sueños. Tengo una espada guardada en el armario, ¿o debería decir mi armería?, invisible a ojos ordinarios, pero clara y brillante para usted y para mí. Con ella destruyo al mero atisbo de oscuridad que se pose sobre su cien, en busca del néctar de sus labios que reclamo, para siempre, mío. Le dejo su propina, se la ha ganado, pero espero una promesa, si no acepta mi propuesta, al menos quédese en mí hasta que yo muera… tal vez sea pronto, no lo sé, ¿me complace usted esta vez? Pero en la más abstracta alusión, la taberna ya no estaba, será que me he vuelto loco o que me ha rechazado la ingrata, lo que sé es que el gato que no tengo me ladra en la puerta y los peces de arco-iris maldicen mi nombre en alemán, no parece nada real, pero si esto es un sueño, mi camarera ¿dónde está? ¿Se me habrá olvidado en el diván? Pero que tonto, si me la guardé en el bolsillo, excusen mi falta de cordura.

domingo, 4 de octubre de 2009

Para desembarcar hoy:

Hoy CODAP-Arte-Contacto en Zona Colonial


El Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (CODAP) inició ayer una serie de actividades que se llevarán a cabo todos los sábados y domingos del mes octubre, en la calle El Conde, Zona Colonial. El programa cultural se llama CODAP-ARTE-CONTACTO, respondiendo al compromiso suscrito a fin de proyectar y desarrollar el arte y a los artistas, y con la cultura, en sentido general.

Dentro de este programa cultural, anuncian presentaciones en vivo de importantes valores artísticos de todas las áreas de la cultura y, especialmente, de las artes plásticas. Reconociendo y presentando en diversos escenarios las manifestaciones artísticas que comuniquen el arte con el pueblo, para así lograr establecer un sector de disfrute cultural, tanto para los turistas como la familia dominicana, como comunicó Antonio Guadalupe, presidente del CODAP. Mi cariño para él y cuenta con mi apoyo en todos los proyectos.


Antonio Guadalupe



PROGRAMA DE ACTIVIDADES
OCTUBRE 2009 PRIMERA PARTE



Sábado 3 de octubre

- Presentación de 5 artistas pintando un mural alegórico al Profesor Don Juan Bosch, acompañado de lecturas de poemas y ambientación musical (a partir de las 9:00 a.m.)
- Ballet Folklórico (6:00 p. m.)


Domingo 4 de octubre

Artistas del CODAP pintando un retrato del Padre de la Patria ¨Juan Pablo Duarte¨, en La Calle El Conde.

- Ambientación musical en el CODAP.
- Lectura de poemas (a partir de las 5:00 p. m.)
- Charla sobre Vida y Obra de ¨Juan Pablo Duarte¨


Sábado 10 de octubre

- 10 artistas pintando modelos en vivo, frente al local del CODAP
- Pintando paisajes del entorno

Estas actividades comenzaran a partir de las 9:00 a. m.

a. Cine-CODAP presentando películas y documentales sobre la vida y obras de artistas, a partir de las 6:00pm


Domingo 11 de octubre

- Los artistas del CODAP pintando en vivo temas libre sobre su arte en el tramo comprendido de La Isabel La Católica hasta el Instituto Cartográfico (a partir de las 9:00 a. m.)
- Mesa de grabado interactivo, dirigido por tres artistas del grabado frente al local del CODAP (a partir de las 9.00 a.m.)


Sábado 17 de octubre

- 3 artistas pintando gran formato, alegórico al árbol de la vida en tarima (comenzando a las 9:00 a.m.)

- 10 artistas pintando en vivo, paisajes del entorno del tramo comprendido entre La Calle Isabel La Católica y la terminación del Instituto Cartográfico.

- Cine-CODAP (a partir de las 6:00 p. m.)


Domingo 18 de octubre

- Damas Pintoras del CODAP, pintando en La Calle El Conde frente a nuestro local (a partir de las 9:00 a.m. y en toda el área).
- Ambientación musical y presentación de documentales de artistas en el Cine-CODAP.


Sábado 24 de octubre

- Artistas pintando una obra de gran formato (mural), con el tema la Ecología.
- Se utilizará tarima y equipos de sonido, lecturas de poemas y presentación de un guitarrista.
- En el local del CODAP habrá ambientación musical y proyecciones de películas y documentales, (a partir de las 6:00 p.m.)


Domingo 25 de octubre

- 5 artistas en tarima pintando en vivo un gran formato en lienzo, frente al CODAP, y 10 artistas más pintando el entorno del área en plena Calle El Conde.
- Animación musical dentro del local del CODAP, y presentación de fílmica sobre la vida de un
artista, en la segunda planta del colegio.


Cierre sábado 31 de octubre (a partir de las 9.00 a. m.)

- Artistas pintando el entorno
- Ballet Folklórico
- Música
- Cine CODAP
- Exposición en los salones del CODAP
- Refrigerio y Almuerzo


Nota: Las actividades serán día completo.

viernes, 2 de octubre de 2009

Creatura número 44 y Rebelión en la granja.


Gracias al Kebran por hacerme llegar Creatura (44 y 43). Un gran esfuerzo, de seguro, pues en todos los países cuesta sustentar los proyectos culturales. Es una labor altruista, de gusto y amor incondicional por la literatura. A continuación, las dos presentaciones. El contenido lo degustaré, despacito, tomando un café.


El Kebran en la contraportada.

También recibí en el mismo paquete, Rebelión en la granja, de George Orwell. Gracias por el gran detalle.


Comencé a leerlo, anexo alguna referencia para los que no le han leído aún: “Estoy de acuerdo en que siempre habrá o deberá haber un cierto grado de censura mientras perduren las sociedades organizadas. Pero «libertad», como dice Rosa Luxemburg, es «libertad para los demás». Idéntico principio contienen las palabras de Voltaire: «Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo». Si la libertad intelectual ha sido sin duda alguna uno de los principios básicos de la civilización occidental, o no significa nada o significa que cada uno debe tener pleno derecho a decir y a imprimir lo que él cree que es la verdad, siempre que ello no impida que el reto de la comunidad tenga la posibilidad de expresarse por los mismos inequívocos caminos”.

Estupenda historia con los animales de la granja de los Jones, la nota en su contraportada, da un “brief” exacto de la misma, que no necesita ningún otro comentario.


jueves, 1 de octubre de 2009

¡Hoy, lloro la bienal!

Museo de Arte Moderno. Santo Domingo, Rep. Dom.

Compungida, abrumada, confundida, entre conceptos aprendidos y puntos de vistas sobre lo que es el arte, luego de la fatídica premiación de la XXV Bienal Nacional de Artes Visuales, me dio por releer el libro ¿Qué es el arte?, de León Tolstoi. La verdad es que hemos aprendido más para saber menos. Lo sucedido en esta bienal está fuera de cualquier explicación lógica.

Como respondí a un comentario ayer, aunque por suerte no creo que mi hermana pensaría en casarse con Omega, hubiera preferido creer que la premiación de este lienzo, porque no puedo llamarle obra, es una broma pesada o una terrible pesadilla a la que debo despertar. Pero, lamentablemente, muy lamentablemente, es cierto. “Omega se casa con mi hermana” fue premiada, y muchos estamos llorando desconsoladamente.

Como dije en el post anterior, la Asociación Dominicana de Críticos de Arte (ADCD) ha tenido una serie de conversatorios al respecto, y vendrán más. El Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (CODAP), también está en este tenor, incluso se ha planteado la realización de un seminario y otros conversatorios sucesivos. Carlos Francisco Elías ha sido más que explícito y ha hecho serios planteamientos al respecto. Todo esto es bueno para el arte, para los artistas, para nosotros los soñadores.

Me alegró mucho ver que un colega amigo, José Rafael Sosa, compartiera mi pesar. Nada me extraña que sean los mismos planteamientos, pues Sosa, al igual que yo, ha dedicado tiempo y su espacio en el periódico El Nacional, en su caso, a apoyar la cultura en todo el buen sentido de la palabra. Así es, que desde hace un buen tiempo, yo en el matutino Hoy, y él, en vespertino El Nacional, ambos de la misma familia, hemos compartido ese verdadero interés de apoyar nuestro arte.

Puede decirse, mi querido amigo Sosa, que como periodistas culturales somos de los pocos dinosaurios que se han dedicado a esta labor casi exclusivamente. Debemos mencionar a nuestro amigo Luis Beiro, quien desde su espacio en el matutino Listín Diario, también echa la pelea.

A continuación, el texto publicado por José Rafael Sosa en su blog, al que también invito visitar.



Bienal de arte visuales, ¡una pena!


Este cuadro ganó en Pintura en la Bienal de Artes Visuales. Se titula "Omega se casa con mi hermana". Como podrá apreciar usted, se trata de una pésima muestra de no destreza con el pincel, matizada por ausencia de armonía, deformación de la anatomía humana, desequilibrio en la composición y pésima terminación por el no dominio del dibujo. ¿Esa "vaina" fue premiada? Sea usted el jurado.


La Bienal de Artes Visuales descendió esta vez mucho en su calidad.
El balance general es deprimente.
Alguien falló.
Los artistas.
O los jueces de selección.
O los de premiación.
No se quien.
Pero el resultado es un desastre visual, con excepciones.
Y es una pena.
La estética visual ha sufrido una derrota muy seria.
Poca gente ha tocado el tema frontalmente.



El Gran Premio de la Bienal. ¿Qué le parece?


Clara Silvestre, cuyo blog siempre leo con interés, es una de las voces que han salido al frente.
He tenido que asistir, por gusto estético y por obligación profesional, a las Bienales de Artes Visuales a que convoca el Estado por medio de la Secretaría de Estado de Cultura y su organismo especializado para el área, el Museo de Arte Moderno.
Fernando Ureña Rib, desde su página, tiene un enfoque mucho más denso, más desde el quehacer creativo.

Aprecio el trabajo de gestión artística-visual que se realiza desde el MAM, pero me preocupa el progresivo descenso del nivel de calidad en estas Bienales.

¿De quién es la responsabilidad?

¿Quién es culpable?

La no participación de los maestros?

Es la Bienal para Maestros?

O es para promover los artistas jóvenes?

Son buenos todos los artistas jóvenes?

Son malos todos los artistas jóvenes?

En fin, la Bienal me ha dejado, en general insatisfecho.

La tónica general es de mediocridad, pobreza visual y una estética a la que le falta técnica, originalidad, talento y sentido de audacia crítica.

Un arte recreativo, lúdicamente egoísta, marcado por una pobreza conceptual que apena. Y mucho.


miércoles, 30 de septiembre de 2009

¡Hay que gritarlo a los cuatro vientos!



¿Qué sucedió en la pasada XXV Bienal de Artes Visuales 2009?


La pregunta correcta debería ser ¿qué no pasó? Me había resistido a ir al Museo de Arte Moderno y presenciar de cerca lo que ya se ha venido ventilando desde la selección y premiación de esta versión. Mis razones tengo, les aseguro. Aún así, he estado al tanto, imposible no hacerlo, de las duras críticas surgidas a partir de los resultados divulgados.

Es más de lo mismo, pero con la diferencia de que cada vez es peor. Había decidido no escribir al respecto, hasta tanto no observara de cerca lo que ya sabía, pero ha sido imposible. Pretendo ir hoy mismo a visitar al museo, me tomaré un analgésico antes de hacerlo y me prepararé mentalmente para ello. Ahí, entonces, escribiré al respecto con las bases necesarias para hacerlo; aunque ya el ciclón está armado, como dio a entender Carlos Francisco Elías, quien merece respeto y quien se refirió al tema oportuna y adecuadamente. Así también, debo mencionar a mi amigo del alma, Odalís Pérez Nina, a quien ya he dicho admiro y respeto en varias ocasiones. Ambos planteamientos los daré a conocer luego que pueda saborear el amargo de una bienal más que cuestionable.

Anoche estuve en el panel convocado por la Asociación Dominicana de Críticos de Arte (ADCA), en la que este año fui admitida como miembro, donde se debatió el tema. El debate está planteado y seguirán las discusiones, por suerte para esa pobre bienal y, más aún, para esos artistas que presentaron un trabajo valioso, han tenido una trayectoria y no solamente fueron ignorados, sino que aguantaron la humillación de ver premiar lo inconcebible. Claro con sus excepciones incluidas.

Por ahora, solamente quisiera hacer una pregunta, y me gustaría que quienes entiendan puedan contestar lo hicieran. ¿Cómo obtiene un premio “Omega se casa con mi hermana? Imagen que presento a continuación, y que se me hace imposible llamar obra, con el perdón de quien se atrevió a pintarla. Aunque, evidentemente, será siempre menos culpable que quienes se atrevieron a premiarla. Así también, el gran premio.


Omega se casa con mi hermana.

Gran premio

sábado, 26 de septiembre de 2009

Dos relatos de H. P. Lovecraft


Un escritor relativamente desconocido en su época. Un creador de historias diríase que fantásticas. Digno representante del horror y el terror en su máxima potencia. Howard Phillips Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890, en Providence, Estados Unidos. Lo sobrenatural era el plato fuerte de sus textos, en su gran mayoría cuentos. Fantasmas, dioses, criaturas son sus personajes preferidos, concebidos en su consciencia hasta darle vida en cada relato.

Lovecraft fue considerado un niño prodigio. Recitaba poesía a los dos años, leía a los tres y comenzó a escribir a los seis. Las novelas policíacas acapararon su interés durante su infancia, y en afán creó la "Agencia de detectives de Providence", con apenas 13 años. A los quince creó su primera obra La bestia en la cueva, imitación de los cuentos de horror góticos. A los 16 ya escribía una columna de astronomía para el "Providence Tribune".

Posee una amplia bibliografía y una vida difícil y tormentosa. Conocí sus textos por mi hijo hace ya algunos años, por esa razón, la mayoría de sus libros los tengo al alcance de la mano. Ahora les digo, desde entonces quedé interesada por sus relatos, fascinada por sus historias, por el desarrollo de la trama, más aún por sus destrezas narrativas. H. P. Locraft murió en 15 de marzo de 1937.



Azathoth
[Cuento. Texto completo]
H.P. Lovecraft


Cuando el mundo se sumió en la vejez, y la maravilla rehuyó la muerte de los hombres; cuando ciudades grises elevaron hacia cielos velados por el humo torres altas, temibles y feas, a cuya sombra nadie podía soñar sobre el sol ni las praderas floridas de la primavera; cuando el conocimiento despojó a la tierra de su manto de belleza, y los poetas no cantaron sino a distorsionados fantasmas, vistos a través de ojos cansados e introspectivos; cuando tales cosas tuvieron lugar y los anhelos infantiles se hubieron esfumado para siempre, hubo un hombre que empleó su vida en la búsqueda de los espacios hacia los que habían huido los sueños del mundo.

Poco hay consignado sobre el nombre y procedencia de este hombre, ya que eso correspondía exclusivamente al mundo despierto, aunque se dice que ambos eran oscuros. Baste saber que vivía en una ciudad de altos muros donde reinaba un estéril crepúsculo; y que se afanaba todo el día entre sombras y alborotos, volviendo a casa por la tarde, a una habitación cuya ventana no daba a campos y arboledas, sino a un penumbroso patio hacia el que muchas otras ventanas se abrían en lúgubre desesperación. Desde ese alféizar no se divisaba sino muros y ventanas, a no ser que uno se inclinara mucho para escudriñar hacia lo alto, hacia las pequeñas estrellas que pasaban. Y dado que los muros desnudos y las ventanas conducen pronto a la locura al hombre que sueña y lee demasiado, el inquilino de este cuarto solía asomarse noche tras noche, escrutando a lo alto para vislumbrar alguna fracción de cosas que estaban más allá del mundo despierto y de la grisura de la elevada ciudad. Con el paso de los años, fue conociendo a las estrellas de curso lento por su nombre, y a seguirlas con la fantasía cuando, con pesar, se deslizaban fuera de su vista; hasta que al fin su mirada se abrió a la multitud de paisajes secretos cuya existencia no llega a sospechar el ojo mundano. Y una noche salvó un tremendo abismo, y los cielos repletos de sueños se abalanzaron hacia la ventana del solitario observador para mezclarse con el aire viciado de su alcoba y hacerle partícipe de sus fabulosa maravilla.

A ese cuarto llegaron extrañas corrientes de medianoches violetas, resplandeciendo con polvo de oro; torbellinos de oro y fuego arremolinándose desde los más lejanos espacios, cuajados con perfumes de más allá de los mundos. Océanos opiáceos se derramaron allí, alumbrados por soles que los ojos jamás han contemplado, albergando entre sus remolinos extraños delfines y ninfas marinas, de profundidades olvidadas. La infinitud silenciosa giraba en torno al soñador, arrebatándolo sin tocar siquiera el cuerpo que se asomaba con rigidez a la solitaria ventana; y durante días no consignados por los calendarios del hombre, las mareas de las lejanas esferas lo transportaron gentiles a reunirse con los sueños por los que tanto había porfiado, los sueños que el hombre había perdido. Y en el transcurso de multitud de ciclos, tiernamente, lo dejaron durmiendo sobre una verde playa al amanecer; una ribera de verdor, fragante por los capullos de lotos y sembrado de rojas calamitas...


El horror en la Playa Martin
[Cuento: Texto completo]
H.P. Lovecraft y Sonia H. Green


Nunca escuché una explicación convincente y adecuada del horror de la Playa Martin. A pesar de un gran número de testigos, no hay dos que concuerden entre sí; y el testimonio tomado por autoridades locales contiene las más sorprendentes discrepancias.

Quizás esta vaguedad sea normal en vista del carácter inaudito del horror en sí, el terror más paralizante para todos aquellos que lo vieron, y de los esfuerzos hechos por la elegante posada Wavecrest para silenciar todo luego de la publicidad creada por el Prof. Ahon y su artículo "¿Están los poderes hipnóticos reservados a los Seres Humanos?".

Contra todos estos obstáculos me esfuerzo en presentar una versión coherente; he visto el espantoso hecho y creo que debería darse a conocer en vista de las aterradores posibilidades sugeridas. La Playa Martin es una vez más un lugar populoso, un balneario muy visitado, y yo tiemblo cuando pienso en ello. Sin embargo, no puedo mirar al océano sin temblar.

El destino no carece siempre de un sentido de drama y clímax. En consecuencia el terrible suceso del 8 de agosto fue seguido por un período de menor excitación en torno a la Playa Martin. Todo comenzó el 17 de mayo, cuando la tripulación de un pesquero, el "Alma de Gloucester", bajo el mando del capitán James P. Orne, mató, tras una batalla de casi cuarenta horas, a un monstruo marino cuyo tamaño y aspecto produjeron luego gran conmoción en círculos científicos y que ciertos naturalistas de Boston tomaran grandes recaudos para su preservación taxidérmica.

El animal tenía unos 50 pies de longitud y era de forma cilíndrica, de unos diez pies de diámetro. Inconfundiblemente era un pez branquiado, en su mayor afiliación; pero tenía ciertas curiosas modificaciones, tales como rudimentarias extremidades delanteras en forma de seis patas con dedos en lugar y de aletas pectorales (las que promovían las más amplias especulaciones entre los especialistas). Su extraordinaria boca, su gruesa y escamosa piel y su único y profundo ojo eran maravillas apenas menos remarcables que su colosal tamaño; y cuando los naturalistas se pronunciaron diciendo que era una criatura recién nacida, de pocos días de vida, el interés del público tomó dimensiones extraordinarias.

El capitán Orne, con astucia yanqui, obtuvo un buque lo suficientemente grande como para albergar al monstruo en su bodega, y arreglar allí la exhibición del trofeo. Aplicando una cuidada carpintería, logró montar un excelente museo marino, y zarpó hacia el sur, hacia el lujoso distrito marino de la Playa Martin. Una vez que ancló en el muelle del hotel se dedicó a recaudar onerosas cuotas de admisión.

La intrínseca prodigiosidad de la bestia y la importancia biológica para muchos turistas científicos, se combinaron para convertirse en la sensación de la temporada. Era absolutamente único, único a niveles de revolución científica, eso estaba bien comprendido. Los naturalistas habían demostrado que este ejemplar difería radicalmente de un inmenso animal pescado en las costas de la Florida; éste, siendo obviamente un habitante de profundidades increíbles, quizás de miles de pies, poseía un cerebro y unos órganos que indicaban una vasta evolución, algo totalmente fuera de lo hasta ahora relacionado con la tribu piscícola.

La mañana del 20 de julio la atención del público se centró en la pérdida del buque y su extraño tesoro. En la tormenta de la noche precedente se había librado de sus amarras y desvanecido para siempre de la vista del ser humano, llevándose consigo al único guardia que había dormido a bordo, a pesar del vendaval. El capitán Orne, respaldado por el excesivo interés científico y asistido por un gran número de barcos pesqueros desde Gloucester, emprendió una exhaustiva búsqueda, pero sin más resultados que la incitación de comentarios e interés. El 7 de agosto se perdió toda esperanza y el capitán Orne regresó a Wavecrest para resolver sus negocios en la Playa Martin y conversar con algunos de los científicos que aún permanecían allí. El horror se desató el 8 de agosto.

Fue en la penumbra, cuando las grises gaviotas sobrevolaban cerca de la costa y la luna comenzaba a resplandecer sobre las aguas. La escena es importante de recordar, puesto que cada impresión cuenta. En la playa había varias personas paseando y algunos bañistas rezagados, provenientes de las casas de campo que se elevan modestamente en las colinas del norte o de la adyacente posada, cuyas imponentes torres proclamaban su fidelidad a la riqueza y la grandeza.
A buena distancia había otro grupo de espectadores, que descansaban en las terrazas cubiertas e iluminadas de la posada, y que disfrutaban de la música del suntuoso salón. Estos testigos, incluidos el capitán Orne y su grupo de científicos, se unieron al grupo de la playa antes de que el horror progresara demasiado; lo mismo hicieron muchos de la posada. Ciertamente no hubo carencia de testigos, sino que confundieron en sus relatos (por el miedo y la duda) aquello que vieron.

No hay registro exacto de la hora en que comenzó todo, aunque la mayoría dijo que la luna estaba
"a un pie" por encima del vaporoso horizonte. Mencionaron la luna porque lo que vieron pareció sutilmente conectado con ésta. Era una especie de furtiva y deliberada onda que parecía venir desde la lejana línea del horizonte a través de una trémula senda, difusa por los reflejos de la luna, y que pareció atenuarse antes de llegar a la costa.

Muchos no se dieron cuenta de esta onda hasta que la recordaron por los siguientes eventos. Pero pareció haber sido muy marcada, diferenciada en altura y movimiento de las olas contiguas. Algunos la vieron como sutil y calculada. Y, como si se extinguiera taimadamente por los remotos arrecifes negros, de pronto un grito de muerte centelló desde el agua salada; un grito de angustia y desesperanza que inmediatamente movió la piedad de todos aquellos que lo escucharon.
Los primeros en responder fueron los dos salvavidas de turno; robustos hombres en atavío de baño, con su oficio proclamado en letras rojas a través de sus pechos. Acostumbrados al trabajo de rescate y a los gritos de los que corren peligro de ahogarse, no pudieron hallar nada familiar en las ululaciones de ultratumba; pero sus sentidos del deber les hicieron ignorar este detalle y procedieron a seguir el curso usual del trabajo.

Apresuradamente tomaron un cojinete inflado con aire, aferrado a una bobina de soga. Uno de ellos corrió a través de la costa hasta la escena en donde ya se había apiñado la multitud; desde ahí lanzó el objeto, luego de girarlo varias veces para ganar velocidad, en dirección hacia donde había venido el sonido. Luego que el cojinete desapareció entre las olas, el gentío curioso aguardó para ver a aquel cuyo dolor había sido tan grande, impacientes de que el salvavidas lo condujera de nuevo a la playa.

Pero pronto quedó claro que el rescate no sería rápido; por más que los dos salvavidas tiraban de la soga, no podían mover aquel objeto que estaba al otro extremo. En cambio, notaron que algo hacía fuerza, igual y aún mayor, en la dirección opuesta. En cierto momento ambos salvavidas fueron arrastrados de sus posiciones hacia el agua por la extraña fuerza.
Uno de ellos, recobrándose al instante, clamó por ayuda a la multitud en la playa, en donde se hallaba la bobina con el remanente de la soga. Al siguiente instante los hombres más forzudos, entre los que se contaban el capitán Orne en primer lugar, comenzaron a pujar junto con los salvavidas. Más de una docena de rudas manos estaban ahora remolcando desesperadamente la gruesa cuerda.

Entre más fuerte bregaban, la extraña fuerza igualaba el esfuerzo al otro extremo; y debido a que en ningún momento se relajaba, la cuerda se volvió rígida como el acero. Los pujadores, al igual que los espectadores por su curiosidad, se vieron consumidos por la naturaleza de esta fuerza marina. La idea de un hombre ahogado había sido ya desechada e insinuaciones de ballenas, submarinos, monstruos y demonios eran libremente tenidas en cuenta. Todos seguían tirando con la sombría determinación de descubrir el misterio.

Finalmente se decidió que una ballena se habría engullido el cojinete. El capitán Orne, ya como líder natural, gritó a quienes estaban en tierra firme que sería necesario un bote como medio
para acercarse, arponear y cazar al leviatán oculto. Varios hombres se dispersaron en busca de una embarcación adecuada, en tanto que otros fueron a suplantar al capitán en la tensa cuerda, ya que su lugar era lógicamente al frente de la partida que se formaría para tripular el bote. Su idea de la situación era muy clara y no se limitaba a una ballena, ya que se había entreverado con un monstruo mucho más extraño. Se preguntaba cómo podría actuar y manifestarse un adulto de esa misma especie a la que pertenecía el infante de cincuenta pies.

Entonces, con espantosa brusquedad, todos comprendieron el hecho crucial que mutó el marco de maravilla y sorpresa reinante hasta ese momento en uno de horror, y el grupo de trabajadores y testigos se vieron presa del pánico. El capitán Orne, dejando su lugar en la soga, se dio cuenta de que no podía quitar las manos de su lugar, que estaban adheridas con inenarrable fuerza; y en un segundo comprendió que era incapaz de retirarse de la cuerda. Su apuro fue adivinado instantáneamente por los demás, y cada uno probó su propia situación llegando a la conclusión de que todos estaban en una misma condición. El hecho no podía ser negado: cada uno de los hombres estaba irresistiblemente retenido a la línea de cáñamo que lenta, horrible e implacablemente los empujaba hacia el mar.

Un horror mudo se sucedió; un horror durante el cual los espectadores quedaron petrificados, sumidos en la inmovilidad y el caos mental. Su completa desmoralización se reflejó en las conflictivas narraciones que proporcionaron luego, y las pusilánimes excusas que ofrecieron por sus aparentes inacciones. Yo fui uno de ellos, lo sé.

Todos los que pujaban, luego de una serie de frenéticos gritos y fútiles quejidos, sucumbieron a la paralizante influencia y guardaron silencio frente a tan desconocidos poderes. Estaban bajo la luz de la luna, pujando ciegamente contra una espectral condenación, e inclinándose monótonamente hacia atrás y hacia adelante, a medida que el agua trepaba primero a sus rodillas, luego a sus caderas. La luna se ocultó parcialmente tras una nube, y en la penumbra la línea de hombres semejaba algún siniestro y gigantesco ciempiés, retorciéndose en garras de una muerte terrible.

La cuerda se volvía cada vez más dura, a medida que la puja entre ambos extremos se incrementaba. Las olas iban ocupando cada vez más terreno a la playa, avanzando lentamente, hasta que las arenas, pobladas tardíamente por niños risueños y amantes susurrantes, eran engullidas por la inexorable marea. La manada de espectadores, atacados por el pánico, iba retrocediendo a medida que el agua le empantanaba los pies, mientras la aterrorizada línea de contendientes seguían ondulando, con medio cuerpo sumergido, y ahora a considerable distancia de su audiencia. El silencio era completo.

La multitud, habiendo logrado una desordenada retirada más allá del alcance de la marea, observaba con muda fascinación; sin poder brindar una palabra de advertencia o de ánimo, mucho menos intentar alguna clase de auxilio. Había en el aire un pavor pesadillesco de mal inminente, algo que nunca antes se había visto.

Los minutos parecían alargarse en horas. Aún la serpiente humana de torsos ondulantes se podía ver por encima del mar. Ondulaba rítmicamente, lenta y horriblemente, con la garantía de la muerte. Espesas nubes ocultaron nuevamente la luna, y la luz que iluminaba el agua desapareció.
La línea de cabezas serpenteante ya ondulaba muy débilmente; de vez en cuando se veía algún rostro lívido fulgurando pálido en la oscuridad. Las nubes se acumularon hasta que de sus interiores surgieron afiladas lenguas de fuego. Los truenos surgieron, suaves al principio, luego incrementándose hasta llegar a una ensordecedora y demente intensidad. Entonces sobrevino uno culminante -que pareció reverberar tierra y mar-, tras el cual se desató un aguacero de tal violencia que pareció que se hubieran abierto de par en par las compuertas del cielo.
Los testigos actuaron instintivamente, a pesar de la ausencia de conciencia y pensamiento coherente, y se retiraron hacia la loma sobre la que se elevaba la terraza de la posada. Los rumores habían llegado a los turistas del interior, así que los refugiados se encontraron con que las demás personas estaban tan aterrorizadas como ellos mismos. Creo que se vociferaron algunas palabras de terror, pero no puedo asegurarlo.

Varios de los que estaban en la posada se habían retirado paranoicos a sus cuartos. Otros se quedaron para observar la línea de cabezas meneantes que aún se veía por encima de las ascendientes olas cada vez que un relámpago iluminaba la playa. Recuerdo haber pensado en esas cabezas y los desorbitados ojos que contendrían; ojos que podían reflejar bien todo el pánico, el terror y el delirio de un universo maligno; todas las culpas, pecados, miserias, esperanzas perdidas y deseos no satisfechos, miedo, repugnancia y angustia de las edades, desde el principio de los tiempos; ojos iluminados con todos los dolores espirituales de los eternamente ígneos infiernos.

Y cuando miré más allá de las cabezas, mi imaginación conjuró otro ojo; un ojo individual, igualmente encendido, aunque con un propósito tan perturbador para mi mente, que la visión pronto se desvaneció. Presas de una desconocida fuerza, la línea de condenados se sumergió; sus gritos silenciados y plegarias no elevadas sólo serán conocidas por los demonios de las olas y del nocturno viento.

El torrente que el enfurecido cielo estaba expeliendo en medio de un loco cataclismo de sonidos satánicos pareció aminorar. Entre el resplandor de los fogonazos, una voz celestial resonó contra las blasfemias del infierno, y la agonía de todos los idos reverberó en un apocalíptico y ciclópeo estrépito. Fue el fin de la tormenta, ya que el espantoso temporal cesó y la luna, una vez más, alumbró con sus pálidos rayos sobre un mar extrañamente calmo.

Ya no había línea de cabezas. El agua estaba calma y desierta, y sólo era alterada por las ondas de lo que parecía ser un remolino, en el mismo lugar de donde provino primeramente el grito. Y cuando miré hacia esa traicionera zona, con febril imaginación y sentidos agobiados, se escurrió en mis oídos, proveniente de un abismo inmensamente profundo, el débil y siniestro eco de una risa.