domingo, 13 de diciembre de 2009

Yorgos Seferis
Premio Nobel 1963

Mithistórima y otros poemas



Botella en el mar


Tres rocas, escasos pinos calcinados y una ermita
y más arriba
vuelve a empezar la copia de idéntico paisaje:
tres rocas en forma de portal, enmohecidas,
escasos pinos calcinados, negros y amarillos,
sepultada en la cal una casita
cuadrada y más arriba todavía muchas veces
surge el mismo paisaje en escalera
hasta el horizonte, hasta el cielo que declina.

Aquí anclamos la nave para empalmar los remos
rotos,
beber agua y dormir.
El mar que nos causó tanta amargura es profundo
e insondable,

despliega una bonanza inmensa.

Aquí entre los guijarros encontramos
una moneda y la jugamos a los dados.
La ganó el más pequeño y desapareció.

Volvimos a embarcar con nuestros remos rotos.


Y el mar ya no existe


Y yo sólo con una caña en mis manos;
estaba desierta la noche, la luna en cuarto menguante
y la tierra olorosa por la última lluvia.
Susurré; el recuerdo duele donde quiera que uno lo
toque,

el cielo es pequeño, ya no existe el mar,
cuanto muere de día lo vacían con carretas desde la
cima.

Mis dedos jugaban olvidados con esta flauta
que me regaló un anciano pastor porque le dije
"Buenas Noches" ;
los demás han renunciado a toda clase de saludos;
se levantan, se afeitan y comienzan el salario de la
matanza
como se poda o se opera, con método, sin pasión;
el dolor, cadáver como Patroclo, y nadie comete
errores.

Pensé en tocar una melodía, pero después tuve

verguenza de la otra gente,
la que mira desde más allá de la noche a través de mi
luz
que tejen los cuerpos vivos, los corazones desnudos
y el amor que corresponde también a las Parcas
como también al hombre, también a la piedra,
también al agua, también a la hierba,
también al animal que mira en los ojos a la muerte
que viene a buscarle.

Así avancé por el oscuro sendero

y removí en mi jardín y excavé y sepulté la caña
y aún susurré; un alba verá la resurrección
como resplandecen los árboles de la primavera. Se
inflamarán las luces de la aurora,
volverá el mar a ser y otra vez del mar resurgirá
Afrodita;
seamos la semilla que muere. Y entré en mi casa
vacía.


Rima

Labios, guardianes de mi amor que iba a apagarse;
manos, lazos de mi juventud que iba a escaparse;
color de un rostro caído en un lugar de la natura-
leza...

árboles... págaros... caza...


Cuerpo, negro al sol ardiente como la uva,

cuerpo rico de mi barco, ¿adónde viajas?
Es la hora en que se hunde el crepusculo
y me canso de buscar las tinieblas...

(Nuestra vida se corta cada día).



Datos biográficos tomados de Wikipedia.


Giorgos Seferis (en griego: Γιώργος Σεφέρης; en transcripción española fonética, Yorgos Seferis) (13 de marzo de 1900 a Esmirna, actualmente Izmir, en Turquía - 20 de septiembre de 1971) es el seudónimo del poeta y diplomático griego Giorgos Seferiadis, primer griego ganador del Premio Nobel.

Su padre, profesor de universidad, era considerado como el mejor traductor de Lord Byron. Giorgos terminó el bachillerato en Atenas y luego siguió estudios de derecho y literatura en París. A pesar de su interés por la filología y por el arte, optó por la carrera diplomática. En 1963 recibió el Premio Nobel de literatura. Seferis estuvo muy influido por Constantino Cavafis, T. S. Eliot y Ezra Pound.

Escribió en dimotikí glosa (la lengua del pueblo), lengua griega que había seguido su natural evolución y que presentaba modificaciones notables con la lengua oficial, impuesta desde el Estado, llamada kazarévusa. Intentó combinar sus propias experiencias con la historia y la mitología. Una de sus principales fuentes de inspiración fue la Odisea, en particular, de Homero para mostrar cómo la personalidad humana no ha cambiado a través de los siglos.

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