Un intento fallido de arte público
Parque Temático. Es la antítesis del buen gusto, intoxicación visual
Definitivamente, el arte público debe insertarse adecuadamente en ese concepto de desarrollo o reingeniería urbana que experimentan las ciudades contemporáneas; pero debe tenerse muy presente que no deberá, de ningún modo, ser un trabajo de azar, ni de deseos personales, y sí, en cualquier caso, situarse entre el arte y la arquitectura, pero como parte de un proyecto consensuado y valorado que responda a una función social.
El tan nombrado Parque Temático ha levantado un sinfín de controversias. Y aunque, evidentemente, la renovación de la ciudad deberá implicar el renacimiento del paisaje urbano y, por ende, la recuperación del espacio público, hubiera sido más sensato aprovechar esta motivación para preservar nuestra identidad cultural exponiendo al público elementos de nuestra fauna autóctona en vez de gorilas africanos y águilas norteamericanas.
Debemos entender que lo que representó el proyecto de arte público está perdiendo su intención, imposibilitándose cada vez más la idea de transmitir e involucrar a la gente, a la metrópolis.
El arte público de hoy mantiene una estrecha vinculación con la escultura monumental, pero, en este caso, estas costosas piezas ni siquiera despiertan ninguna sensibilidad.
Lo peor de todo es que está hecho y al parecer no tendremos otra opción que soportar aquellas monstruosas abstracciones animales por un buen tiempo. Definitivamente, este lugar no nos deja de parecer un lugar contaminado, un intento fallido de arte público, la antítesis o némesis del buen gusto o podría decirse que la cúspide de objetivo del arte Dadá en Santo Domingo.
Lejos de toda estética inimaginable, el parque atenta contra el buen gusto, contra la naturaleza, contra la inteligencia del pueblo y sobretodo contra su cartera.
Como dijo Marcel Duchamps, esto “no es más que una intoxicación de trementina”.
