viernes, 18 de septiembre de 2009

De tal palo, tal astilla


He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos.

Thomas De Kempis





Mi amigo Alejandro Cabral me envió esta linda nota:

"Querida amiga: sin palabras tu eres una sirena de poesía en
nuestro mar Caribe, magnífico, excelente tu blog…"


Un abrazo para ti, Alejandro.

Asimismo, me sorprendió con el poema presentado más abajo, haciéndome recordar a su padre, el poeta nacional don Manuel del Cabral. Recordé mis inicios en el periodismo y la amplia sala del periódico La Noticia, con todos los departamentos a la vista. Así también, la máquina de pesadas teclas donde, para borrar alguna palabra, debía tacharse con xxxxxxxxxxxxxx. ¡Qué tiempos aquellos! Parece que fue ayer y, sin embargo, tan alejado del presente donde el internet nos acerca a cualquier lugar con sólo un click. Pero, debo decir que eran tiempos de pura magia. De ilusiones nacidas desde las entrañas. De un tiempo virgen que sigue vivo en el recuerdo.
Y recordé, como ya mencioné, al poeta Manuel del Cabral, quien cada tarde engalanaba la redacción con su sola presencia. Se sentaba un rato, leía el periódico y luego se marchaba.

A continuación el poema de su hijo, el artista plástico Alejandro Cabral:



AMAR…

Cuanto más lo pienso,
la luz del universo baña nuestros cuerpos,
en un eterno amanecer,
logrando con su brillo fundirnos en la poesía del amor.
Amar, palabra que un día nos dio todo,
y aún esperamos la eternidad en un relámpago.
Relámpago que se hunde en mis entrañas,
buscando ese nuevo amanecer.
Amar hasta el final,…
final que no llegará jamás mientras este temblor esté con nosotros...
ya nuestros cuerpos son inmateriales como el aire
…como el pretiempo,
tiempo que dejó tu sabor en mis labios,
en una azul mañana…

Y una invitación que nos hace llegar, para una actividad a desarrollarse dentro programación de la galería Compadre Mon.


Teatro Trópico Negro
Invita al encuentro de venta Arte Objeto y Más.


Te esperamos a ti y a tu familia, al encuentro, arte objeto y todo lo que desees vender. Un pasadía de ventas de diferentes materiales, los cuales se podrán cambiar en trueque o venta.

Este será un encuentro de arte y música para toda la familia. Podrán apreciar la exposición actual “Compadre Mon”, además de escuchar grupos musicales y disfrutar videos, performance, danza, en fin, un tiempo cálido y ameno, compartiendo todos juntos.

La actividad tendrá lugar el domingo 27 de septiembre, desde las 8:00 A.M. y hasta las 7:00 P.M. Deberás traer una manta o cobija (como en los años 60), para colocar los objetos y $500 pesos para los gastos generales al inscribirte. En el lugar tendremos sillas y algunas mesas para los objetos más pequeños.

Las inscripciones se realizaran por teléfono al 809. 539-8216 / 809.975-4302, a partir de martes 8 de septiembre y hasta el viernes 25 de septiembre. Pueden llamar en horario de 8:00 A.M. A 7:00 P.M. Estamos ubicados en la calle Colon N. 10, Zona Colonial, Las Atarazanas.

También puedes dejar tu confirmación en el Facebook y nos pondremos en contacto contigo. Me puedes dar tu confirmación por mail a carpinteros2001@yahoo.com, y yo te contesto.


Alejandro Cabral





Manuel del Cabral (Dominicano, 1907-1999)




Manuel del Cabral Tavárez nació en Santiago de los Caballeros el 7 de marzo de 1907. Inició estudios de derecho en la Universidad de Santo Domingo. En el año 1938 comenzó su trabajo diplomático en la Embajada Dominicana en New York (Estados Unidos). Representó al país en Colombia, Perú, Panamá, Chile, Argentina. Entró en contacto con los más importantes poetas del momento.

Fue uno de los principales poetas de la República Dominicana. Un escritor polémico y el más conocido en las letras americanas.

Viajó por Europa y América, y residió mucho tiempo en Buenos Aires, donde publicó la mayoría de sus obras.

En su poesía puede encontrarse la temática política, amorosa, social, metafísica. La poesía negra tuvo en Manuel del Cabral, una de sus voces más significativas, junto a Nicolás Guillén, Luis Palés Matos y Aimé Cesaire.

Entre sus obras más importantes destacan: "Pilón" (1931), Color de agua (1932), 12 poemas negros (1935), los que se caracterizan por su clima nativista, una literatura de preocupación social y popular.

Publicó también "Biografía de un silencio" (1940), "Compadre Mon" (1940), “Trópico negro” (1942) "Sangre mayor" (1945), "De este lado del mar" (1948); "Carta para un fósforo usado y otras cartas", "La isla ofendida" (1965), "Sexo no solitario" (1970), "Obra poética completa" (1976, edición del autor). En 1970 publicó "El Escupido" en la que señala una honda preocupación del hombre frente a la nada, en la concepción narrativa del realismo mágico, y en 1973 El presidente negro”, obra que hoy día es considerada profética, debido a la llegada del primer presidente negro a la Casa Blanca.

En "Los huéspedes secretos" (1951), "Sexo y alma" (1956), "Los anti-tiempo" (1967), se acentúa el tratamiento de temas como el amor, la poesía, así como un tratamiento filosófico del sentido del hombre y de la vida.

Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1992.

Falleció el viernes 14 de mayo de 1999 en su República Dominicana natal. Fue junto con Neruda, Vallejo, Huidobro, Guillén y otros un exponente de la más alta poesía latinoamericana de nuestro tiempo, y en especial, de la poesía negra.

Tuvo más de setenta libros editados, la mayoría publicados en Buenos Aires. Fue un defensor incansable de los derechos de los desheredados y jamás dejó de reflejar en su obra sus preocupaciones políticas y sociales.




Ellos

Ellos no tienen lecho,
pero sus manos
son las que hicieron nuestras casas.

Ellos comen cuando pueden
pero por ellos comemos cuando queremos.

Ellos
son zapateros pero están descalzos.

Ellos nos visten pero están desnudos.

Ellos
son los dueños del aire cuando manejan alas,
mas son los limosneros del aire de la tierra.

Ellos no hablan,
tienen palabras vírgenes... Hacen nuevo lo viejo...

La mañana lo sabe y los espera...

La carga

Mi cuerpo estaba allí... nadie lo usaba.
Yo lo puse a sufrir... le metí un hombre.
Pero este equino triste de materia
si tiene hambre me relincha versos,
si sueña, me patea el horizonte;
lo pongo a discutir y suelta bosques,
sólo a mí se parece cuando besa...
No sé qué hacer con este cuerpo mío,
alguien me lo alquiló, yo no sé cuándo...
Me lo dieron desnudo, limpio, manso,
era inocente cuando me lo puse,
pero a ratos,
la razón me lo ensucia y lo adorable...
Yo quiero devolverlo como me lo entregaron;
sin embargo,
yo sé que es tiempo lo que a mí me dieron.


Oda escrita en la piedra

Hay algo mas que el viento buscando ser instinto,
algo más que la ola
que quiere andar de pie como la sangre.
Hay algo más que aquello que rezaba a las piedras,
suave como la muerte del cabello del indio,
simple como el secreto transparente del agua.

Hoy aquellos que fueron siempre mudos,
los que siempre llevaron en la sombra
la dignidad del loto que crece sobre el cieno,
se acercan a la tierra,
y echan voces por granos, como quien va regando
la conciencia.

Llegan horas que nacen para la alondra insigne.
La tierra tiene ahora la cualidad del ave.
Y el horizonte crece, crece en aquellas manos
que saquearon a sangre la esperanza.

Aquellas manos simples,
que traen en los filos de picas y hachas
el oro de las minas de los amaneceres.

Es la América inédita,
la que estaba en el tacto,
la que estaba en la carne,
como aquello que a veces se nos queda
en el vientre materno que se revienta en vida.

La América que un día se quedó entre los hombres
y creció entre sus manos como el río en el mar.

América también:
la que pinta de verde el aguacero,
la que suena en el fuerte como un tiro de paz,
la que muerde en la miga dura de tiempo el negro,
la que un poco se duerme tirada en una esquina
mientras la sangre antigua moja aun las espadas,
mientras todos los siglos caben en la garganta,
mientras el indio andino no conoce a Bolívar,
mientras por los caminos de los Andes las llamas
bajan a paso manso sin que lo sepa el mundo
una pequeña caja de pino en donde viene
tal vez no un niño muerto, sino el sueño profundo
de toda la montaña.

Ya la mañana viene sobre carretas pobres,
carretas que traen de lejos su catedral de fatiga.

Parece gente el aire que da contra la frente.
Viene la sangre niña como el agua primera.
Raíz de madrugada, canta el indio remoto.
La sonrisa se ha puesto de pie como una hazaña.
La mañana de ahora trae durezas de estatua.
Hoy la tierra que sube municipal es cósmica.
Nadie fundó la urbe... Fueron antiguas rocas
que crecieron a fuerza de pensar en las alas.
Hoy no lanza el hondero la piedra suelta al tiempo
sino que se levanta con ella misma el hombre.

Mientras pasa la muerte resucitando espadas.



Obras:
Pilón, cantos del terruño y otros poemas (1931), Color de agua (1932), Doce poemas negros 1935), Poemas (1936), Ocho gritos (1937), Biografía de un silencio (1941), Compadre Mon (1943), Chinchina busca el tiempo (1945), De este lado del mar (1949), Antología tierra 1930-1949 (1949), Veinte cuentos (1951), Sexo y alma (1956), Treinta parábolas (1956), Dos cantos continentales y unos temas eternos (1956), Antología clave 1930-1956 (1957), Pedrada planetaria (1958), Catorce mudos de amor (1962), Jostoria de mi voz (1964), La isla ofendida (1965), Los relámpagos lentos (1966), Los antitiempos (1967), El escupido (1970), El presidente negro (1973), Poemas de amor y sexo (1974), Obra poética completa (1976), La carabina piensa (1976), Cuentos (1976), Palabra (1977), El jefe y otros cuentos (1979), Diez poetas dominicanos: tres poetas vivos y siete desenterrados (1980), Cuentos cortos con pantalones largos (1981), Cédula del mar (1982), Antología tres (1987), La espada metafísica (1990).

martes, 15 de septiembre de 2009

V (y último) - Memoria: Crítica de la “crítica” a-crítica



Memoria: Crítica de la “crítica” a-crítica
Por: Odalís G. Pérez



Lo que hasta ahora no se ha examinado ni discutido con atención en los mundos direccionales de la crítica es la problemática de los universales del lenguaje literario que a su vez implica el valor de los incidentales del discurso, del poema, la novela, el ensayo y demás vertientes del texto y la textualidad, del signo y las proliferaciones del sentido.
Los universales semánticos y filosóficos están presentes en la literatura sin que esta última pueda resistirse a la acción-valor y efectos de los mismos. Entender la memoria y el testimonio como razones del significado y la significación, conduce a desarrollar los mecanismos perceptivos y metafuncionales de la actividad literaria y lingüístico-textual.
¿Qué nos ofrece desde la teoría de la memoria la crítica a la “crítica” a-crítica? El análisis llevado a cabo por Marx y Engels en La sagrada familia y en La ideología alemana al respecto, promete incluso hoy un debate sobre la visión de los universales filosóficos y literarios, a partir del fundamento político de la theoría y la noción misma de programa crítico. (Véase también los Grundrisse (1857-1858 )Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política de Kart Marx (vols. 1, 2 y 3).
La legibilidad de la crítica “crítica” y de la “crítica” a-crítica, particulariza un debate acerca de los modos de intercambio de las textualidades literarias y filosóficas, incidentes en los registros de un discurso narrativo categorizador de instancias ideológicas y contextuales, articulables en el texto-ficción y el texto-acción. El asombro que produce y a la vez implica la interpretación de una determinada temática, implica una vigilancia epistemológica del producto y la productividad discursivo-textuales convergentes en el acto literario ligado necesariamente al acto de leer.
Pero es la memoria, la escritura, la tradición de escribir, textualizar, argumentar y contra-argumentar lo que produce el asombro de la interpretación y la comprensión gnoseológica de aquello que se ha denominado, después de Foucault y en La arqueología del saber, junturas filosóficas. Advertir los incidentales y universales del discurso, de la lengua y el lenguaje, justifica todo un campo de necesidad de la literatura como proceso de recesividad enunciativa.
Lo que Foucault sustentó en su famosa conferencia-ensayo titulada El Orden del discurso, fue la crítica de toda memoria fijada como texto y escritura. La historia, la genealogía y el fundamento de la crítica han mostrado que todo proyecto intelectual, así como toda micropolítica textual, suturan el llamado universo del sentido. En el presente caso la máscara de la crítica es la masa de la crisis, los empastes de la interpretación.
La obligatoriedad de toda interpretación promete, en el caso de la “productividad llamada texto”, una tensión de los significados y de las imágenes de mundos de los diversos discursos literarios. Pronunciar, advertir y concentrar el mundo en junturas teóricoliterarias y semiolingüísticas, implica el conocimiento y el espesor significante de la biblioteca-tradición, así como la huella en movimiento de todo espacio-tiempo de la escritura-lectura.
Cuando un pretendido análisis “poético” construye una pseudointerpretación para deslegitimizar los diferentes puentes reales de la crítica, y lo que es más, para desconocer las posibilidades de una crítica de la otredad y la alteridad, sus resultados resultan insignificantes, reprocesados, desajustados en su registro. No advertir la diferencia como posibilidad dialógica y crítica del sentido y la memoria, conduce a empequeñecer cualquier debate destinado a presentificar el cuerpo o los cuerpos perfilados en la representación literaria.
Estimar este proceso como parte de un proyecto intelectual recesivo, invita a buscar, entender el archivo cultural dominicano a favor de un fundamento crítico instruído sobre los diversos niveles categorizadores de la memoria-escritura y del texto-función. El mismo vocabulario de la crítica ha evolucionado entre tiempo, debido a la incidencia y desarrollo de los sistemas de signos, incursiones hipertextuales (Véase, por ejemplo, la propuesta de George P. Landow: Hipertexto 3.0. Teoría crítica y nuevos medios en la era de la globalización, Ed. Paidós, Barcelona 2009).
En efecto, para la actual teoría crítica, las intertextualidades, la diversidad de voces, el descentramiento, el rizoma textual, los principios y finales del texto abierto, así como la autoría narrativa de las tramas lineales y las nuevas y diversas formas de la prosa de ficción traducen mundos, alteridades, resistencias y testimonios apoyados en un nuevo marco de instrucción y cognición que justifica la memoria manuscrita, impresa o digital. Pero incluso la literatura digital enfrenta y supera los amañados y viciosos hilos miméticos de la “poética” patrocinada monológicamente por Meschónicus-rhitmicus en el ámbito del debate (¿crítico?) literario del país.
Así pues, los efectos de una metalectura legible y ante todo abierta a experiencias de construcción y reconstrucción del proceso de significación o sentido, invita al intercontacto, a las aperturas cognitivas, perceptuales y sensibles de la lengua, el lenguaje y la interacción de textos literarios. Motiva este proceso el hecho de no olvidar los caminos posibles de la crítica o la teoría crítica en sus diversas actitudes éticas y morales que tanto hacen falta en nuestro medio.
Pero es importante también hurgar en el archivo de las ideas literarias occidentales referidas al debate crítico, introduciendo textos fundamentales de la tradición teórico-literaria y estética, siendo así que los esfuerzos de los tratadistas que han logrado enrrumbar los caminos de la poética y la retórica aristotélicas, aseguran un orden intelectual fundado en una “enciclopedia” o registro de ciencias ideales y que llamaríamos hoy normativas, fácticas y formales, (Por ejemplo Visconti, Castelvetro, La Pléyade, Escalígero, Condillac, Marmontel, Bubos, Grimm, Diderot, Voltaire y otros).
La indigencia de la crítica literaria dominicana no permite entender los verdaderos rangos y rasgos de un “conflicto de interpretaciones”, en un país en el cual el tema de Trujillo y su Era, levanta una polvareda donde todo se concentra como necesidad de respuestas históricas y donde regularmente se produce la memoria dictatorial. El antitrujillismo de “oficio” es panacea para mitómanos y megalómanos ya conocidos en nuestro ambiente. Inventores de “memorias”, buscadores de un culto a la personalidad enfermizo, exhiben un vicio aúlico a través de un historicismo vergonzante y lamentable. Es entonces lo que se puede leer en algunas “Memorias contra el olvido”.

lunes, 14 de septiembre de 2009

IV - Crítica de la memoria: Biblioteca de la tradición



Crítica de la memoria:
Biblioteca de la tradición

Por: Odalís G. Pérez



La biblioteca de una tradición lingüística y discursiva asumió en todo el occidente la noción de género para decidir, posicionar y practicar una direccionalidad textual en el orden preceptivo, autorial y textual. De ahí la denominación de novela, biografía, testimonio, menipea, prosa de ficción, prosa historial, autobiografía, crónica historial, ensayo, poesía y otros conjuntos enunciativos.
Pero la biblioteca instituida y conformada por una tradición literaria no es pura, única y monovocálica, pues la misma se ha nutrido de entrecruces discursivos, tal y como lo demuestra la tradición helenística, latina y romance. La batalla entre la preceptiva, la retórica, la poética y la estética, dominó por mucho tiempo y produjo una tensión dialéctica en los tiempos de la oralidad y la escritura.
Esta batalla se mantiene presentificada en algunos movimientos intelectuales de la modernidad y la posmodernidad. La historia literaria, junto a la sociología de los textos orales y escritos, se ha reconocido como parte de una tradición de la lectura, la crítica, la explicación de textos y la divulgación de instancias teóricas y hermenéuticas que, desde la aventura del romanticismo alemán, la novela neogótica, la ficción operativa de los registros estructuralistas, semióticos, neo-retóricos, postestructuralistas y etnoliterarios, propician una concepción de lo literario a partir de una crítica de la memoria o memorias culturales, encontradas en lo que Paul Ricoeur denominó el “conflicto de las interpretaciones”.
Pero la teoría literaria o el campo teórico en expansión no tiene que negociar diferencias ni alteridades. Tampoco se adhiere a argumentos pretendidamente absolutos o definitivos; entiende en la línea crítica de la memoria que un texto poético puede ser novelesco, ensayístico, histórico, testimonial, o destruir su propio nivel de opacidad y transparencia, para poner en crisis su propio registro discursivo.
Así como leernos textos mixtos o sincréticos, también leemos textos rebeldes a la condición poética y no por ello dichos textos pierden su carácter literario. La prueba de todo esto la encontramos en obras como AT, Del objeto Útil y Obvio del brasileño Moacir Amâncio, pero también en textualidades como las de José Lino Grunewald en Escreviver, Ciudad interior de Francisco Marcelo Cabral, Incurable de David Huerta, Anu de Filmar Silva, Epifanía de las estrellas para Galileo Galilei de Alvaro Pacheco, Perséfone de Homero Aridjis, o Cuaderno de retorno al país natal de Aimé Césaire.
Textualidades en movimiento donde encontramos el poema-ensayo, la novela testimonio-poema, la minificción o la macroficción que rebasan todo tipo preceptivo o genérico para poner en crisis toda poética, todo encajonamiento de los géneros literarios tradicionales. A todo esto, la destrucción de la página en batalla por el espacio textual recuperador de cardinales orales, escritas o diseñadas para subvertir los conocidos exempla de la tradición- biblioteca.
Así, encontramos que textos como Ischia, Praga y Bruselas de Gisela Heffes, Gödel, Escher y Bach de Douglas A. Hofstadter, y Lunas de Júpiter de Beatriz Amaral, se reconocen como textos resistentes al encorsetamiento de toda “poética” llamada o denominada literaria. Pero además, los “irreverentistas” autores de letras de canción letristas como Kilo Veneno, Enrique Bumbery, Jaime Urrutia, Nacho Vegas, Fernando Márquez y Santiago Auserón, convierten el letrismo poético-musical en texto abierto y polidiscursivo, superando la ortodoxia de los géneros, sean estos novela, testimonio, autobiografía o biografía.
Ningún género antes ni después de la modernidad se encuentra en estado puro, aunque todo género se define en su, y, desde su textualidad en movimiento de interpretación. De manera que la tan propalada “poética” patrocinada con “boca de ganso” se queda corta debido al avance y desarrollo experimentado por el texto plural y los aportes de la escritura virtual, el laboratorio de textos digitales y las propuestas del hipertexto entendido como puesta en conducto, rizoma y experiencia ramificada del sentido.
En efecto, la crítica de la memoria y la biblioteca de la tradición se pronuncian en una tensión que subvierten el mecanismo autoritario de un divulgador desorientado que, en el ámbito literario dominicano, aspira a imponer su propia “doctrina” pseudoteórica sobre la base de la tergiversación, el mal entendimiento de la memoria cultural y sobre todo el autoritarismo de su propia práctica derivada casi siempre del escarnio y la mala lectura del otro.
La patología del yo es aquí patología de un lenguaje ya desechado en los círculos neoacadémicos y teóricos de nuestros días. De ahí el desfase, la descontextualización del referente literario, y sobre todo la mentira de la interpretación que según Michel de Certeau compromete negativamente el acto de leer.
Ahora bien, ¿cuáles han sido los extremos del debate actual? ¿cómo es posible que un texto premiado haya provocado y a la vez producido una discusión cuyo bizantinismo se ha expandido como banalidad, ignorancia teórica y tertulia casera? El oponente, el “columnista” conocido como Rhitmicus y Meschónicus ha construido una casa-yo que, según él se ha mantenido en los “cauces estrictos de lo literario”. ¿Qué es lo estrictamente literario en un debate como éste, donde “la voz cantante” sólo sabe acusar, legislar, establecer, denostar, o señalar límites vetustos, negando todo lo que se sale de su alteridad yoica?
Y qué decir de la llamada “sacralización de la vagina” (¡sic!), de “la rabiza literaria” (¡sic!), de la “estrategia carrierista” (¡sic!), del “diktat dictatorial” (¡¡!!). ¡Beneficioso fruto cosechado por la poética!
En el momento en que un debate quiere cerrar bajo la falsa creencia de que todo se ha dicho, el mismo debe comenzar y mantenerse en “severa vigilancia” epistemológica. Al estudiar los términos emblemáticos y a la vez aventurados de semejante “patraña” culturalista, el estudioso y con él el lector atento, habrán de observar la ausencia de un protocolo heurístico en dicho debate. Lo que se deriva del mismo no es sólo el equívoco de la novela, la biografía, el testimonio, autobiográfico, o su condena, rechazo, premiación, sino más bien el negocio de la interpretación. Un estudio específico de los mecanismos de comprensión del debate en cuestión, impone una sutura y a la vez una escisión que genera la caída al pozo de lo errático y lo temporal.
Desde hace tiempo los concursos literarios equivocan lo que es propiamente la práctica reflexiva y literaria. Las mismas bases contribuyen al equívoco nocional y conceptual. Participar en los premios anuales de literatura o en cualquier otro concurso en la República Dominicana, implica suponerse a dicho equívoco, pero también contribuir a la dictadura de los resultados, a poner en duda la literatura misma, negar el concepto de tradición-biblioteca y perder el propio horizonte de legibilidad.

De ahí que toda discusión sobre los límites y alcances de la literatura y lo literario remita a la posibilidad de una memoria de la crítica “crítica”, así como a una metacrítica entendida como primer paso hacia el fundamento gnoseológico. (continuará)

sábado, 12 de septiembre de 2009

Todos contigo, David.


Las muestras están ahí, David. Debes sentirte tranquilo, puesto que, aunque es lamentable lo sucedido, muy lamentable, ya que fue un incidente innecesario y molesto, y ofende, debes recordar que el ladrón juzga por su condición, y lo expuesto por ese Adolfo que, al parecer, necesita llamar la atención, es como para cerrarle las puertas en sus narices y no hacer caso de alguien tan necio.

Tu madre: un ángel del cielo. Eso revela en sus ojos. No le dispenses la atención que no merece, como debemos hacer todos, luego que cada uno exponga sus puntos. También él debe entender que estamos contigo, como lo ha visto, y que así como todos conocemos a David González como el poeta solidario, en esa misma medida, nos mostraríamos solidarios contigo. Nos tienes y hasta el fin.

Ahora, debo decir que fuiste el primero que me escribió externando tu solidaridad con el amigo y periodista Vianco Martínez, a quien conociste en tu estadía por Santo Domingo durante el Primer Festival de Poesía Santo Domingo 2007, donde representaste a España. Nada de extrañar, así es David González, sincero y solidario.

Siempre has caminado con la frente en alto a pesar de las vicisitudes. Siempre has escrito entregando todo en cada palabra. Siempre tomándote el tiempo para apoyar a los demás en tu papel de promotor cultural. Siempre, siempre, deberás recordar que estamos contigo.

A pesar de que la frase: “Los perros ladran, quiere decir que estamos avanzando” se le ha atribuido infinidad de veces a Don Quijote de la Mancha, otros dicen que no aparece por ningún lado en la obra. No lo recuerdo ahora, aunque mucho la he escuchado. Ahora bien, mi primo Miguel Collado me afirmó que sí, y que la referencia más antigua se registra en un artículo publicado en El Imparcial, en 1916, donde apuntaba que Rubén Darío reaccionó ante las injusticias con dicha frase. Así también que se hizo popular por la novela Cristo en los infiernos, de Ricardo León.

El asunto es que nada más cierto que esta frase. Recuerda esto David: los perros siempre ladrarán, ya que siempre avanzaremos. Pero lo hacen, especialmente, porque no saben hacer otra cosa.

viernes, 11 de septiembre de 2009

III - Sobre debates literarios y culturales de nuestros días



Sobre debates literarios y culturales de nuestros días

Por: Odalís G. Pérez


Un debate literario y cultural debe tener un perfil crítico, teórico y educativo, instruido también por una memoria cultural en movimiento, constituida por un trabajo ligado a la formación de un sujeto social que participe de dicha experiencia, así como de un campo expandido de realidades, prácticas ideológicas, discursivas y contextualizadas. El elemento que se propone como debate se convierte en una cardinal de aclaración, justificación y motivación, teórico-critica, tendente a elucidar los términos, visiones y puntos del debate.

Pero en el presente caso, donde ha estado envuelto el género denominado novela en los conocidos “premios nacionales de literatura y música”, donde como sabemos, ha habido objeciones, oposiciones, disensiones, a propósito de las decisiones del jurado responsable de premiación (2008) en el renglón ya mencionado, el universo de discusión no ha rebasado la línea del bizantinismo que se quiere imponer como defensa, y que en sus objetivos no ha cumplido más que con su ya conocida penuria epistemológica y dislates definicionales.

La concepción que se tiene de una problemática literaria y conceptual en el país ha sido atravesada por un desconocimiento de generalidades y especificidades, al momento de evaluar un producto literario o verbal. Tanto los “atacantes” como los “atacados”, los “criticones” como los “creadores” padecen del mismo mal: la ceguera, la precariedad teórica y filosófica.

Un recurso literario es, muchas veces, un cuerpo marcado por una ideología dominante. Sus bases constituyen un uso, un pretexto, un obstáculo, una justificación para discriminar, eliminar, favorecer, obligar, motivar y desmotivar, como parte de una concepción de poder vigente en un momento sociocultural determinado, pero además, como línea estratégica de influencia, clientelismo y política de una determinada cardinal de interpretación.

En los últimos debates literarios, los llamados crítico y “contrincantes”, se desbordan, se desgastan en explicar nociones a todas luces insuficientes, falsificadas en su pretendida explicación, manipuladas en sus contextos de uso y singularidad. Las falacias, equívocos conceptuales, deformaciones nocionales y telarañan epistémicas, se particularizan en la opacidad cognoscitiva, en el embrollo definicional y sobre todo en un pésimo y desnivelado registro de escritura y análisis.

En efecto, se quiere hablar a nombre de una razón no razonable, de una doctrina pseudoacadémica y de un “catecismo doctrinario” al explicar fenómenos que se resisten a ser clasificados o legislados por un supuesto crítico ya arruinado debido a su concepción monovocálica, monológica y unidireccional. Se quiere aclarar la función, escritura y particularidad de un género que, como la novela, el ensayo, la poesía, la novela biográfica o autobiográfica sugieren variantes, estilemas, ideológicos, textemas, usos enunciativos complementarios y narrativos.

Lo que se concentra en un debate como el actual es algo que escapa a la literatura misma. Tras conformarse una impresión que involucra la personalidad traumática del llamado “crítico” o evaluador de resultados literarios, asistimos a una información borrosa, anómala, inconsistente. El debate se convierte en una escena que nada tiene que ver con las disciplinas denominadas estudios literarios, teoría crítica, textología, ciencia de la literatura, crítica de los métodos de análisis literario o teoría de los géneros literarios.

Pero aun más, la misma ideología de la representación que descansa en el “debate”, pierde poco a poco su trazado cuando el espacio de conocimiento y productividad denominado literatura, se convierte en una local “querella” de pretendidos analisistas teóricamente arruinados y afectados por alguna tendencia, estereotipo ideológico, o dirección de la historia o la crítica literaria de nuestros días.

Ciertamente, nos preguntamos ¿para que sirve la crítica literaria? ¿Cómo debe orientarse un debate literario donde el lector quiere saber, obtener informaciones veraces sobre una determinada problemática, teórica o creacional? ¿Debe poseer el participante un estatuto epistemológico objetivo o subjetivo?

Se trata de una conjunción axiológica. En el momento en que el debate se convierte en provocación, tergiversación conceptual, trampa nocional y degeneración tendenciosa, ocurre lo que hasta ahora está sucediendo: un columnista del suplemento Areito ha quedado solo, repitiendo lo mismo ad nauseam, impartiendo malas lecciones de lo que debe ser el análisis propiamente literario, corrigiendo sintaxis y el mismo cometiendo errores elementales de expresión; acusando a críticos y estudiosos que no están necesariamente activos en dicho debate, pero que no participan directamente debido a la poca garantía de publicación de sus respuestas al “columnista” del suplemento Areíto, que en su condición de colaborador fijo puede asediar a quien sea que disienta de sus ya conocidos y “recalentados” “juicios literarios”.

Así pues, la práctica más advertida del columnista en cuestión en este debate es la clasificatoria, legisladora, autoritaria, desfundamentada, desatinada y desajustada, que conocemos debido a su constancia en este suplemento literario y cultural.

Las pruebas están en los últimos dos años de edición del suplemento Areíto, donde los lectores han sido prácticamente arropados, invadidos, obligados a tragarse la enorme masa textual repetitiva, doctrinaria, maledicente de un “juez”, de un informador que dice conocer “todas las teorías literarias al dedillo” y que ha llegado a la “genial” conclusión de que la aportada por él es la que “resuelve” el problema de la literatura, la lengua, el ritmo, el Estado, el poder… y todo tipo de problemática sobre el lenguaje, la literatura y la “metafísica del signo”.

En efecto, bajo un trazado intelectual insostenible por lo acusador y vocinglero, no resulta grato entrar a un debate donde el juez ya ha construido una “casa” de dos plantas o duplex, en un suplemento, pero que además posee una “tribuna” con apoyos de la dirección de dicho suplemento, cuya función debe ser acogedora de ideas diversas y opiniones abiertas sobre un fenómeno cultural o literario. Insistimos que cuando se critica un producto premiado sea este novela, ensayo, poesía u otro que ha conmovido, molestado o exaltado a cierta comunidad política interesada, prejuiciada o provocada por una autora o autor, dicha crítica debe instruir y no mentir o ensañarse con el escritor, editorial o pensadores que no están involucrados en los resultados de una premiación que por demás reproduce la ideología, el sistema cultural dominante.

Ahora bien, la posición de una “querella” de modernos, pide información y tratamiento crítico de la misma, sin que esta deba sugerir o tener como base una teoría del lenguaje, una teoría del ritmo o una teoría del poder, para luego transformar la vida, la literatura y el sujeto. Todas estas “pantomimas” ideológicas y pseudocríticas, no producen más que hilaridad a los especialistas, sin embargo a los estudiosos, comparatistas, teóricos e historiadores de la producción textual y de las ideas literarias, le producen agrura, rechazo, resistencia, máxime si se les quiere imponer ideas desfundamentadas y sin respaldo heurístico o mitodológico donde un pequeño y senil “patrocinador” y poseedor de una “tribuna” en un suplemento cultural, sacraliza a un maestro (recientemente fallecido), al que ha saqueado, tergiversado, repetido y endeudado por mor de su autoridad, en un espacio donde el alumno también lo ha indispuesto, falsificado, agrietado, “vendido” como horizonte de expectativas, y finalmente endiosado como solución a todos los problemas literarios, filosóficos y culturales de nuestra una tradición. ¿Crítica radical? ¿Valoración real? ¿Debate o resentimiento social? La historia de los errores institucionales y jurisdiccionales han constituido la tragedia y la paradoja de nuestra cultura. (continuará)

jueves, 10 de septiembre de 2009

II - Los abismos de un debate literario


Los abismos de un debate literario
Por: Odalís G. Pérez



Los problemas de la actual literatura dominicana y Caribeña superan el marco de una sola teoría o concepción que se nos quiera imponer sin criterios de identificación o definición areal. Los intereses de un crítico no deben “arropar” las posibilidades, intencionalidades o movilidades de un conjunto o juntura intelectual. El debate actual sobre el premio o los premios literarios en el país es un abismo, pero además, un negocio de la interpretación puramente “tradicional”, impuesto por actores interesados en dañar personalidades públicas, en buscar nombradías, negar aportes, crear indeterminaciones conceptuales, sitios o lugares políticos, beneficios sociales y públicos y sobre todo des-acreditar textos literarios.

Entendemos, por otro lado, que el lugar para debatir de manera continua una problemática teórica o cultural, o para perseguir “contrarios”, no es el suplemento o la revista cultural. Quien desee escribir un libro con artículos reunidos en torno a un debate o en torno a intereses intelectuales personales o personalizados, no debe ocupar espacio en un suplemento abierto a la diversidad de juicios culturales, estéticos o críticos, pues semejante situación crea una disfunción comunicativa en el contexto de las ofertas y demandas intelectuales e informativas que necesita el país y también el medio en cuestión. El suplemento o la revista cultural se convierte en dicha perspectiva un registro monovocal o monodiscursivo, de tal manera que asistimos a la lectura de consignas, defensas de intereses individuales, y sobre todo a un estanca del medio utilizado.
Sin embargo es ahí donde pesca el “columnista” o ‘crítico” interesado en difundir una doctrina literaria ya arruinada por sus límites, lagunas, antigüallas y obstáculos teóricos. No se trata, como ya hemos observado, de una simple instrucción, de una lectura, libre o prejuiciada, sino de un nivel y un tipo de comprensión activado por el conjunto de pensamiento y convicciones de un sujeto que, de una u otra manera, está marcado por las diferentes visiones, objetivos, modos de ver, de leer, crear o estudiar un fenómeno como la literatura y sus diversos géneros discursivos.
Observamos el camino de una historia intelectual y literaria atravesada por signos contradictorios que desafirman los diversos grados de creación cultural y literaria, justificados también en un falso concepto de identidad cultural y acompañado también de signos de autoridad controlados por el sistema cultural vigente. Se nos quiere ocultar en este sentido, el hecho de que una teoría, un proyecto intelectual, socioeducativo o literario, propician posibilidades, relaciones, ideas que pueden ser verdaderas y falsas.

La escena de un “escándalo” provocado por intereses políticos de llamados grupos “patrióticos” dudosos y de sujetos con una historia pública discutible, involucra un tejido interminable de “querellas” que deben ser analizadas con prudencia y sobriedad, habida cuenta de lo complejo, turbio y accidentado que resulta todo este trazado, a propósito de una novela premiada.
Sin embargo, ¿qué busca en este conjunto de cardinales y doxas la poética, la teoría del lenguaje, la teoría del llamado ritmo-sentido, del Estado, del signo y del poder? ¿Qué es la poética sino una palabra ambigua, de tradición griega, helenística, romana, latina, romance, vaciada de contenido, ligada a la tratadistica de arte y literatura, saco roto donde podemos advertirlo todo y nada a la vez? Y, ¿qué decir de su uso en nuestro medio donde encontramos desde poética de la moda y la pintura hasta la poética de la poesía y la política?

Hemos visto que el término poética es un desdignador multivalente con un terrible grado de apertura y ambigüedad. Allí nos quiere meter, enredar, entrampar el ogro misántropo, misantrópico, meschónico, para alejarnos de nuestro horizonte de búsqueda y crear una alienación critica, teórica e histórica; redundado y repitiendo hasta la nausea lo mismo, en un discurso que parece no tener fin y que se ha convertido en estado perverso de persecución ideológica. He aquí un obstáculo que por insistencia y obstinación, por apoyo editorial evidenciado y reversión, nos obliga a responder mediante una cardinal correctiva, interdisciplinaria y epistemológica, siguiendo las directrices del acto de leer y producir distancias dialécticas mediante acuerdos racionales basados en propósitos más incidentes en la libertad de pensar, producir bloques y líneas argumentales antidogmáticas, antidoctrinarias, y sin embargo basadas en el horizonte de apertura de un camino abierto a todas las escuelas, vertientes, direcciones de pensamiento, tendencias postcríticas y postontológicas; seguras de sus núcleos o focos gnoseológicos y de su fondo de creatividad cognitiva.

Así las cosas, entendemos que un debate tiene una estructura donde encontramos: motivo, actores contrarios, escenario, argumentos y contra-argumentos, dudas, doxa crítica motivada y resultados plausibles. Pero en nuestro caso el hablante, el juez, el “criticón”, el radical, el que decide y acusa, es uno solo sujeto sin respaldo científico, teórico y heurístico. La prosa árida, “rocosa”, anómala desde el punto de vista sintáctico, semántico-revindica siempre lo obtuso, lo inconsistente, lo opaco desde el punto de vista de la materia ideológica.

¿Existe en este espacio alguna alternativa, algún turno que pueda interrumpir la incontinencia verbal del mismo sujeto fijo en su tribuna, malgastando espacio y tiempo del lector?

Veamos cómo el “empirismo impresionista”, el ritmo-sentido y los escombros de un vocabulario plagado de indeterminaciones conceptuales, pretenden más bien definir voces o representaciones que poseen su propio archivo temático y formal. No podemos olvidar los aporte epocales de la filología en toda su extensión de estudio y análisis particulares de lenguas, textos, tradiciones, historias del sentido, así como tampoco podemos deprocesar o excluir de la reflexión interdisciplinaria y transdisciplinaria, la mirada analítica a la luz de la sociología histórico-crítica de la literatura, la búsqueda lingüística y temática del psicoanálisis de la literatura; así como tampoco la integración la teoría marxista de la literatura, el análisis interno y contextual del formalismo ruso, el estructuralismo, la semiótica narrativa y textual, el aporte lotmaniano desde la semiótica de la cultura, la antropología literaria, la etnoliteratura, la hermenéutica literaria, la ontología fenomenológica de la literatura, la teoría blanchotiana del espacio literario, las teorías del discurso, el posestructuralismo, y otras tendencias, espacios y vertientes que tienen su lugar en el movimiento de la reflexión contemporánea.

Un debate literario que no afirme en sus particularidades y generalidades el valor de la teoría, la crítica articulada sobre la base de un análisis direccional de los textos, ideas y horizontes de lectura, no logrará materializar sus propósitos cognoscitivos, pragmáticos, educativos, y sobre todo heurísticos. Lo que este debate ha demostrado y sigue demostrando es la carencia de principios teóricos sostenibles, en un momento en el que se gestan y discuten nuevos problemas, nuevas ideas y universos sobre la literatura en el Caribe, Latinoamericana, África subcontinental, el Medio Oriente y otros lugares del planeta.

El abismo producido por una logorrea pertinaz, arcaizante, excluyente y desepocada, obstruye lo que podría ser un movimiento orientado hacia la comprensión y metacomprención de los diferentes marcos o contextos reflexivos de, y, sobre la literatura-cultura. Entendemos una vez más que los actores del actual “debate” literario, se desarrollan en una instancia de la precariedad teórica y conceptual, pero además, desinforman creando una “telaraña”, una trampa ideológica marcada por diferentes líneas de carencia que, a fuerza de mantener el equivoco de la interpretación, desconocen también el valor real de la literatura entendida como cardinal ideológica y espacio-tiempo de creación. (continuará)


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Discurrir sobre la crítica y la teoría en RD (Por Odalís Pérez)

Miraba la portada del matutino Diario Libre y, aunque se supone debía alegrarme porque la primera finalista en el concurso Miss Universo 2009 fue dominicana, me arropó un dejo de tristeza al ver cómo era recibida en el aeropuerto Internacional de Las Américas esta “beldad” dominicana. La verdad es que fue recibida a ritmo de perico ripiao junto al ballet nacional y toda una comitiva agregada. Vamos, ¡qué bien! Pero lo que me entristece de todo esto es que, siempre ocurre que la gente que sí debería ser recibida con todos los honores, porque son honrados y dignos de ser admirados, tanto por la trayectoria de su vida personal como profesional, son ignorados y, muchas veces, menospreciados en todo el buen sentido de la palabra. En seguida imaginé que Odalís Pérez Nina, con quien me unen unos lazos de amistad creo irrompibles, era recibido como merece. Como el pensador que es, como el ser humano que es, por la labor literaria y, en sentido general, cultural, que realiza, y el contenido de sus libros publicados.

Para muestra les dejo este texto de su autoría. Documento que fue publicado en la sección Areíto del periódico HOY y el primero de un conjunto de cinco textos atados a un mismo discurso. Luego del texto a continuación, parte de su registro biográfico.



Discurrir sobre la crítica y la teoría en la República Dominicana
Por: Odalís G. Pérez


Advertir una ausencia en el discurrir de la producción ideológica, literaria o cultural dominicana, implica reflexionar sobre lo que ha sido el proceso de constitución de las instituciones sociales, políticas y educativas. Lo que se refleja en los concursos actuales del país es una estructura autoritaria del pensamiento y a la vez el rastro prejuiciado por los requisitos o bases de concurso.
Pero esta situación conformada por anomalías de todo tipo nos debe llevar a la negación de los principales aportes en las líneas trazadas por la sociología de la literatura, el marxismo, el psicoanálisis, el formalismo ruso, el estructuralismo, la hermenéutica, la fenomenología, los Estudios Culturales, la semiótica, los estudios subalternos, la estilística hispánica, la estilística idealista alemana, la poética estructural, el postestructuralismo, los estudios poscoloniales, y otros métodos, formas de análisis, propuestas de lectura, ideas literarias o tendencias teóricas útiles y casi siempre necesarias para acceder a una comprensión de la literatura y sus efectos sociales o mentales.
Por más que en un debate sobre concursos literarios y, en nuestro caso, sobre el conflictivo premio anual de literatura (2008) se quiera imponer alguna versión y se desee desconocer lo inconsistente o anómalo de una determinada creación verbal o discursiva, no implica esto la negación, el equívoco o acierto de tendencias teóricas, el análisis de ideas o determinados universos de reflexión y crítica.
De hecho, el pretender que sólo la poética (término por demás indeterminado, vago, retórico, ambiguo la mayoría de las veces impreciso en sus usos acostumbrados) es el estudio más ponderado, único y absoluto de entender la literatura o el lenguaje literario, la única metodología propia del análisis literario, resulta una estruendosa y vulgar equivocación de una perspectiva lingüístico-literaria e ideológica. Ninguna tendencia o metodología de análisis logrará explicar de manera definitiva, absoluta, la productividad o el producto literario. Razones diasincrónicas, axiológicas o genético-estructurales, pero además hermenéuticas, echan por tierra toda aseveración autoritaria, dogmática o doctrinaria al respecto. Discurrir sobre un fenómeno literario como el nuestro, bastante complejo y enmaranado, solicita un estudioso y a la vez estudios con horizontes amplios, fructíferos y no un sujeto prejuiciado con principios tomados de un “catecismo” insuficiente, extrapolado, imitado y sobre todo “desepocado”. Facilitar un argumento ya reventado por sus repeticiones inútiles y por el recalentamiento de la boca-escritura que la auspicia, nos permite entender que incluso los medios escritos del país constituyen un poder que no procesa o desprocesa sus espacios, columnas o puntos de opinión.
Además de reconocer el estrecho marco de un debate literario o cultural, entendemos que con solo un locutor o dos locutores no es posible presentar la problemática y difícil situación de los concursos literarios del país pero sobre todo los llamados premios anuales de literatura, donde los intereses, selecciones de jurados, requisitos, mediadores, funcionarios, encargados y otros condicionantes contextuales, forman parte de un teatro escalofriante por lo conflictivo y poco convincente de las premiaciones y condiciones de presentación.
En efecto, un cuadro o cuadraje intelectual como el presente, invita a una reflexión en torno al objeto denominado literatura y valores en la sociedad dominicana. No se trata, en esta perspectiva, de cuestionar solamente una obra premiada, seleccionada como ganadora en un concurso o certamen literario, sino de analizar las condiciones ideológicas de los actores y las jurisdicciones institucionales e intelectuales del país.
No podemos creer, ni mucho menos aceptar que las soluciones “unicistas”, precarias y doctrinarias de “Rhitmicus” conocido más bien como “Mechonicus”, pueden capitalizar, una doxa crítica, ni legislar, autorizar descalificar o desautorizar una determinada textualidad, obra o discurso narrativo, producto de que estas creaciones y cuerpos literarios no asumen la práctica absoluta del crítico en cuestión.
Ahora bien, los nuevos estudios literarios, así como las “nuevas humanidades” contemporáneas, nos han presentado proyectos relevantes, recursos de interpretación y comprensión de nuevas rutas y productos que traducen la diferencia literaria y cultural en la vida de las diversas tradiciones latinoamericanas del Caribe insular, y los lugares epistémicos de una productividad intelectual y crítica. ¿Cómo es que nuestros debates no asimilan aquello por lo que se trabaja en el Caribe insular y Latinoamérica en materia de función y acción intelectuales? ¿Por qué los grandes problemas, motivos de creación auspiciados por la nación moderna, no son tomados en cuenta como parte de un debate que asimilar y sobre todo comparar crecimientos, lenguajes, mundos textuales, experiencias narrativas, discursivas, puntos de encuentros y lugares de la diferencia?
Un debate no se sostiene sólo por las antigüallas de cierto maestro, crítico, profesor universitario, Juez, legislador o domesticador de pensamientos, a través de una doctrina que él entiende como ruta a seguir o como trazado que obliga a poseer una teoría del lenguaje, una teoría del poder o una teoría del signo para que entonces el escritor pueda escribir un poema, una novela, un ensayo, un cuento y que también deba transformar la sociedad para que su “poética” sea válida y bien recibida por este “maestro de la crítica”.
De hecho, la noción de proyecto intelectual en República Dominicana, “choca” con el obstáculo de la vida real misma, y sobre todo con el marco institucional estatal e individual, debido a lo que también hemos llamado el horizonte de expectativas del lector, intérprete, traductor” cultural, político y social. Un contexto educativo plagado de negocios, pseudoestándares de lectura, comprensión y currículos oficiales, oficiosos o “funcionales”, pone en evidencia sólo rasgos de autoridad, políticas negativas de proceso, signos de identidad localizables, ítemes erráticos y repetitivos, currículos ocultados, escenas de dudosa utilidad y repertorios jurisdiccionales que poco tienen que ver con la formatividad cultural y educativa.
De ahí la “angustia de las influencias” que han creado una telaraña conceptual, pseudouniversitaria y pseudoteórica, influyente en ciertos niveles de información y control de la educación humanística pública y privada. Toda esta situación de negatividad, prejuicio, exclusión, indiferencia organizada y estratégicamente instalada como práctica social, autoridad influyente, selección de tópicos intelectuales y otros usos advertidos en todo lo que es certamen, concurso y premiación en el país.
El debate actual sobre novela, premio de novela, poesía y premio de poesía es resultado de lo que debe ser un proyecto cultural, educativo e intelectual en nuestros días. Ese estado de “personificación” cultural, de “figuración” y empleo de una función pública y política, de influencia de un funcionario que domina toda el área oficial de la cultura, también es elemento influyente en este cuadro de anomalías, barreras obstáculos, veleidades e intereses personales y grupales que hacen “reventar” el tramado ideológico y político actual en perjuicio de participantes independientes que no son tomados en cuenta por la programación oficiosa u oficialista del actual ecosistema cultural.
En efecto, se trata de un sistema cultural y educativo marcado por el fracaso de sus partes y falsos principios ejecutivos, éticos, programáticos, literarios e institucionales. No se trata solamente de echar culpas a jurados, concursantes, gestores intelectuales, editoriales o editores residentes e incidentes en el país.


El crítico e investigador Odalís Pérez publicó su reciente libro titulado “Arte, Identidad y Cultura en RD”. Como explica, esta publicación se ha gestado a partir de una investigación participante llevada a cabo mediante estudio de campo en los diferentes sectores del arte y la cultura nacionales, pero además, confrontando resultados de investigación desde una perspectiva interdisciplinaria y transdisciplinaria.

Explica que asume el proyecto de estudio, análisis y contextualización del arte dominicano en sus diferentes cardinales de producción, interpretación y sentido, presentándose en una visión individual y abierta a la comprensión de los fenómenos estéticos, artísticos, culturales e históricos, teniendo que ser citado, entonces, a partir de su publicación.





Odalís G. Pérez Nina es un investigador ya conocido por sus trabajos y estudios en el área de las Humanidades. Su labor en el país ha sido reconocida en el ámbito educativo, debido a su magistrado a nivel medio, universitario y postuniversitario. Pérez quien es Dr. En Filología y Semiótica por la Universidad de Bucarest, Rumania, se ha ocupado de conformar equipos de estudios culturales en la República Dominicana y los Estados Unidos, difundiendo la cultura dominicana en sus variados ámbitos de producción intelectual (Literatura, Filología, Lingüística, Arte, Historia), de tal manera que sus publicaciones en el ámbito de las ideas constituyen un aporte al desarrollo cultural dominicano de los últimos veinte años.

Sus publicaciones en este sentido son las siguientes: Las ideas literarias en la República Dominicana (1993), Semiótica de la Prensa (1999), La ideología Rota (2002), Nacionalismo y Cultura en República Dominicana (2003), La identidad Negada (2003), República Dominicana. El mito político de las palabras (2004), Literatura Dominicana y memoria cultural (2005), Principios de Estética y Educación Artística (2005), El espacio de los signos (2005), Sócrates Barinas Coiscou. El tiempo de la memoria y la poesía (2007), Víctor Villegas: La voz, la memoria, los tiempos del lenguaje (2008) y, por último, “Arte, Identidad y Cultura en RD”.

El doctor Odalís Pérez ha mantenido en los últimos años publicaciones especiales sobre Semiótica de la Cultura y del Arte, particularmente en ámbitos intelectuales como Oralidad poética y narrativa, Oralidades culturales, Cultura alternativa del Caribe, Arte, literatura y Pensamiento.

Aparte de su dedicación al estudio de las disciplinas culturales y comunicativas, propicia algunos espacios experimentales en el marco de proyectos de arte y rescate cultural, donde niños, jóvenes y adultos interactúan en condiciones de creación y producción cultural (Realización de Performance (s), Acciones Artísticas, Educación Artística Interactiva, y otras).

Como poeta ha publicado: Habitácula (1987), La pirámide en el hombro del dios (1988), Papeles del Eterno (1999).

Odalís Pérez se ha dedicado a la enseñanza de las ideas, el arte y las letras dominicanas, siendo profesor en la Facultad de Humanidades y en la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y director de la Escuela de Arte de esta alta casa de estudios. Ha trabajado como profesor en programas de Maestrías en la UASD, INTEC y en departamentos de comunicación, letras y filosofía de varias universidades dominicanas. Como estudioso y animador de la cultura dominicana ha mantenido colaboradores en algunos diarios y revistas del país con más de un centenar de publicaciones sobre aspectos de historia intelectual y cultural de la República Dominicana, El Caribe y Latinoamérica.