viernes, 1 de abril de 2011

La existencia del ser como "leit motiv" en los trabajos de Ángel Ricardo Rivera

Clara Silvestre
Miembro ADCA/AICA


¿Por qué no confrontar la desnudez, el despojo consciente de lo que ata y controla? ¿Por qué no hacer ver nuestras debilidades, nuestros miedos y confrontaciones, todo en busca de la libertad que espera quieta en un destello de luz, en la sombra, en el aire, en una piel que descansa y juega a ser fuerte y débil a la vez? Observar los trabajos de Ángel Ricardo Rivera nos despierta esa necesidad innata por saber más.


En una primera lectura, nos encontramos con un explícito concepto de realidad: lo consciente, lo pensado, configurado con códigos que nos llevan a pensar en la técnica llamada “Grisaille”, por su monocromatismo y utilización del relieve. Y nos encontramos ahora con la inminente y necesaria interacción entre el espectador y el objeto, encontrando un punto nuevo de enfoque. Porque como ha dicho John Berger: mirar “buscando” algo es lo opuesto a mirar. La visibilidad es una cualidad de la luz, y esta luz es fuente de vida, porque en definitiva, en un universo muerto nada es visible.


Indiscutiblemente, en este contexto, se alude a lo visual, a la existencia del ser, como si se tratara de encontrar la llave que conduce hacia la libertad. El artista devela, descubre, nutre. Crea un espacio idóneo para expresarse y hacer permanente sus sensaciones. Así, en un escenario dispuesto, se confrontan fotografía, pintura y dibujo, y es cuando entonces el artista habla de poesía, manoseando los materiales y experimentando, constantemente, todo marcado por un hilo conductual sustentado en la corriente surrealista.


El enigma asume su postura, confiriendo un espacio oportuno a la imagen, por ser creación pura del espíritu. Rivera plantea la gravedad, el movimiento, la suspensión, desde una perspectiva de equilibrio, de razones lógicas que apuestan a la armonía; entiendo desde un pensamiento dionisiaco, que alude al mundo de los sentidos y lo sensual. Ya, anteriormente, se ha referido al simbolismo freudiano, el cual, asume y combina con elementos pictóricos que lo llevan a un plano sensorial, relativo al origen del todo, en consonancia con lo metafísico. “Esta atmósfera irreal que se percibe en los objetos, en las aves que vuelan pesadamente sin definición objetiva, en el oxigeno; grupos que danzan en el azul, brazos en movimientos con puñales que emergen hacia una búsqueda o denuncia”.


A partir de la utilización y tratamiento de varios materiales, y aprovechando como técnica, la cámara fotográfica, la computadora, impresión digital, dibujo, pintura, acetatos, transparencias, madera , refiere la idea de un discurso visual marcado por un arte conceptual de lo que ha considerado un siglo arrebatador. Asume los elementos: tierra, agua, aire, mar, texturas, transparencias, restos de maderas marinas, instalaciones ingrávidas y, en un renglón esencial, la luz, en lo que ha descrito como la búsqueda en las profundidades de lo humano, para presenciar en su propio universo: la magia, develando un santuario: su santuario interior privado. Como hemos visto, Ángel Ricardo


Rivera maneja la técnica, el uso de los materiales, la composición. El hecho de especializarse como creativo publicitario y acumular una importante experiencia tanto en el exterior, como en Miami, y luego en la República Dominicana, le ha permitido concebir sobre contextos más definidos y terminados. En lo compositivo, se ha expresado: “arrastrado por la simetría, de una forma inconsciente, caigo y me asidero a ella, me lleva al equilibrio, a la seguridad de la simpleza de las estructuras básicas, con incidencias monocromáticas. La fuerza de nuestra obra se fundamenta en la forma y el contenido simbólico evidenciando mi conciencia visual. La yuxtaposición de elementos pueden a veces resultar misteriosos e incongruentes, pues obviamente no son parte de una realidad, sino de la mía interna, que fluye, que brota sin razón o viceversa”.


Ángel Ricardo Rivera presentará sus trabajos en su exposición titulada “Reminiscencia”, el próximo martes 5 de abril, a las 7 de la noche, en el Museo de Las Casas Reales.

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